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¡Un Desmadre!: BRUJERÍA Volvió a Dar Una Jornada de Death Metal Extremo en Buenos Aires

A veces ocurre que ciertas bandas viven como leyendas andantes que, sin saber mucho sobre su origen, desarrollo y presente, su estatus es legítimo por una cuestión meramente simbólica. Hace un año atrás, BRUJERÍA estaba en esa categoría donde el recuerdo era su recurso principal, pero su primer disco luego de dieciséis años – y cuarto en su carrera – titulado Pocho Aztlan (2016), los llevó a una categoría distinta donde el recuerdo perdió peso para transformarse en un recurso más: ahora es un factor inferior frente a la excelencia de su más reciente obra. Bajo el motivo del lanzamiento que fue Pocho Aztlan, BRUJERÍA volvía a Buenos Aires para presentarse en Uniclub, diez meses después de hacerlo dentro del marco de la gira “Fuck Donald Trump”.

Pero un disco no es la diferencia entre una visita y la otra; esta vez Pititis y Jeff Walker no forman parte de la banda, pero en la guitarra está el músico chileno Anton Reisenegger, una buena apuesta del grupo en pos de seguir con shows de alta calidad sonora, mientras que en el bajo está nada más ni nada menos que El Hongo, el talentoso Shane Embury. En fin, BRUJERÍA estaba de regreso y esto fue lo que ocurrió.

Una velada extrema en Uniclub donde, por más “agite” e irracionalidad concentrada en los primitivos instintos humanos, hubo un denominador común que fue el profesionalismo: más precisamente, un excelente sonido. Por otra parte, esto ya viene ocurriendo en reiterados shows en Uniclub, así que me atrevería a hablar de una tendencia; pero si tenemos en cuenta que en el recinto ubicado en la calle Guardia Vieja se presentan bandas que, generalmente, son de culto, concluimos en que es un nicho “alternativo” con potencialidad para un sonido óptimo.

Dadas las condiciones, SICARIO presentó su Death Metal compuesto por macabras líricas, énfasis en blast beats y riffs gancheros, con entretenidos arreglos musicales en cada canción; un “alivio” entre tanta pesadez. Es el turno de CORAL, una aplanadora sonora cantándole a la libertad individual, sostenidos en la prodigiosa voz de Elias Stohge. La experiencia del grupo, que en esta circunstancia se encontraba presentando su disco Thrash & Roll (2016), se evidencia en el escenario, una cuestión no ajena al público que progresivamente reacciona de manera cada vez más positiva frente a lo que provenía del escenario. Culminado el show de CORAL, era el turno de BRUJERÍA, pero será una larga espera desde las 21:30 hs hasta las 22:00 hs, hora de comienzo del show, gracias a una minuciosa prueba de sonida mientras de fondo se musicalizó con D.R.I y NAILBOMB.

Los presentes que no querían presenciar las consecuencias de la emergencia (contra) cultural de los 90’s, con sus confusos coletazos ideológicos hasta el día de hoy, se aferraban a las escaleras, se sostenían contra las paredes y hacían otros movimientos para no ser embestidos por una marea de gente que realizó un moshpit continuo durante toda la presentación de BRUJERÍA, la cual comenzó con “Brujerizmo”, “El Desmadre” y “Colas de Rata”. La receta perfecta para el caos. Ahora venía el momento de la rutina que Abbot y Costello, o El Sangrón y Juan Brujo, realizaron que dice así: “¿cuánto quiere ese coyote? Diez mil pesos. ¿Pa’ todos?. No jefe, pa’ cada uno. ¡Pinche coyote cabrón, hay que joder al wey!”; y con ese “wey” comenzó “La Migra” y, precisamente, una migración de gente al escenario que terminaban siendo empujados por Juan Brujo de nuevo al campo porque mostraron cierta resistencia en bajarse.

El contenido político en BRUJERÍA es innegable, inescindible de su impronta, por eso El Sangrón y Juan Brujo convocaron a todo el recinto a levantar sus dedos mayores y gritar “fuck Donald Trump!”, como previa a su canción “Viva Presidente Trump”. A todo esto el sonido era, literalmente, impecable; vale decir que la larga espera que BRUJERÍA nos hizo sufrir hasta que comenzó el show tuvo su recompensa con esta excelente performance sonora. Otro coletazo político llega cuando Juan Brujo pregunta, “¿hay algún cubano por acá? No… ¿¡qué cubano va a haber!? (…) Ya es momento de “Anti-Castro”… no, no “Castro Muerto”. Esa fue la presentación de “Anti-Castro” y su contexto se explica por sí solo.

¿Qué hay para decir de la banda? Todos son destacables en la labor grind que realizan en BRUJERÍA, simplemente destaco el sonido de Shane Embury que acentuando las frecuencias medias y altas de su bajo hacía una pareja exquisita con la guitarra de Reisenegger. ¿Y el público? Un caos controlado… hasta que explota; más precisamente cuando un señor subido de peso portando una remera de ALMAFUERTE y subido en su grado etílico tuvo la idea de meterse en el escenario y querer tocar a cada miembro de la banda; ni Juan Brujo ni El Sangrón pudieron bajarlo así que no hubo más remedio que llamar a seguridad que lo empujó al campo y el individuo cayó como un rascacielos demoliéndose. Sin palabras.

¿Por qué BRUJERÍA sacó un excelente álbum como Pocho Aztlan y sólo ejecutaron tres canciones de este álbum – “Angel de la Frontera”, “Satongo” y “No Aceptan Imitaciones” -? No lo sabremos, pero al menos se comprobó lo bien que funcionan en vivo. Lo que es seguro es que BRUJERÍA comenzó una nueva etapa y resulta algo penoso no ver a los nuevos temas en vivo, pero tal vez sea una cuestión de tiempo; por ahora el profesionalismo está  garantizado. El final con “Marijuana” y el diálogo con el público anunciando que “se quedarían un rato después del show” da la pauta que, detrás de la leyenda, existen individuos que se preocupan por sus fans; por nuestra parte se aprecia la calidad del show, las figuras musicales que bajan a estas tierras pero, por otra parte, deberían regalarse cascos o carteles que anuncien que a un show de BRUJERÍA se entra “bajo su propio riesgo”. De cualquier manera, los pseudo-narcos siguieron consolidando su amor con Argentina a fuerza de un gran show.

 

 

BRUJERÍA

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