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La Serenidad de la Madurez: KORN pasó por Buenos Aires con la vitalidad de un niño de 12

Los griegos usaban el término ídolo para referirse a lo mismo que los hebreos llamaban iconos: aquello que es digno de ser visto y contemplado. Ambas cosas podrían ser sinónimos, entonces… si un ídolo es un icono… ¿A cuantos idolatrados artistas podemos llamar icono? Seguramente cada fan tiene sus propios ídolos, pero cuando el artista es referencia de muchos, uno debe parar todo y prestar atención a lo que pasa. El término icono/ídolo normalmente se desvirtúa porque viene asociado con popularidad y dentro de la comunidad más ortodoxa del metal la popularidad no es bien vista, por ende, trae consigo el odio de quienes no se identifican y no entienden cómo tales personajes llegaron hasta allí. Debates al respecto siempre habrán, nunca faltará la gente que se incline por lo más under y mire con malos ojos lo que “a todo el mundo le gusta”, pero lo que es cierto es que a nadie le molesta ser llamado “Ídolo” y cuando se es ídolo de toda una generación el homenaje es mayor. Eres oficialmente un modelo a seguir, significa que la inmortalidad se ha alcanzado y no son muchas las bandas que han logrado ese estatus. KORN es una de ellas, por eso tenerlos de visita siempre será un honor.

El pasado 25 de Abril la agrupación liderada por Jonathan Davis regresó a Buenos Aires para presentarse en el microestadio Malvinas Argentinas y junto a ellos estuvo A.N.I.M.A.L, otra leyenda del nu metal pero con raíces latinoamericanas. Y no, no estamos hablando del año 1997 ni sus cercanías, época en la que ambas bandas reinaban dentro del mundo metalero, sino de 20 años después. Esto esto ocurrió en 2017 y toda una generación de relevo pudo presenciarlo.

La esperada gran fecha -para los fanáticos del género- lamentablemente se vio afectada por la lluvia, causante de un importante retraso en los preparativos y en consecuencia retrasando el acceso al recinto. Demorar el inicio del recital no era una opción ya que por motivos legales no se puede terminar muy tarde, así que los más afectados fueron los teloneros y el público que debió esperar afuera unas cuantas horas más y se perdió gran parte del show de apertura.

A las 20:40 hrs, ante un puñado de personas que se distribuían dentro de un estadio vacío, comenzó el show del trío que lidera Andrés Gimenez. Afuera, miles de fans, que se mojaron durante horas bajo la fría lluvia de este otoño invernal, escuchaban desde la fila y comenzaban a desesperarse por no poder ingresar. Silbidos, gritos e insultos se escuchaban de parte de quienes exigían mayor rapidez en el acceso, sin duda querían ver lo que ocurría adentro y es que no estamos hablando de cualquier banda soporte, en este caso eran muchos los que -en lugar de quedarse afuera esperando que se monte el artista principal, como hace la mayoría- querían ver lo que A.N.I.M.A.L tenía para ofrecer ese día.

Una vez adentro el ambiente era otro, ya no había frío y lo primero que se apreciaba era un sector campo que se calentaba haciendo moshpits al ritmo de la música y descargando con todo el poder que Andrés, Titi y Marcelo, les enviaban desde el escenario. La banda, como siempre, estuvo a la altura de la circunstancia, con el escenario decorado a todo dar, un sonido de primer nivel y con sus mejores temas dentro del setlist. Los argentinos se mostraron como si ellos fuesen los principales, recibiendo del público presente un apoyo similar. No faltaron los clásicos de siempre con los que la gente canta, pero también hubo tiempo para lo nuevo. Y así, desde “Decididos a Crecer“, de su más reciente disco hasta “Solo por ser indios“, que fue dedicada a las víctimas de los sucesos que han ocurrido recientemente en Argentina, la banda se paseó por toda su discografía en poco más de 20 minutos.

Un desmontaje digno de un pit stop de formula 1 y las rápidas pruebas de sonido nos indicaban que estabamos atrasados en el cronograma. Media hora le bastó al crew de KORN para dejar el escenario listo y si ese tiempo se nos pasó rapido fue gracias al baterista suplente, encargado de alistar todo para Ray, ya que además de poner a punto los tambores, supo entretener al público con juegos de interacción al estilo “we will rock you”.

Vale aclarar que para este show la banda ya había anunciado un invitado muy especial, que venía en reemplazo de Fieldy ya que el legendario bajista tuvo que atender asuntos personales. Si alguien pensó que esto le restaría interés al show, se equivocó, pues fue todo lo contrario, y es que el reemplazo es nada más y nada menos que el virtuoso hijo de Robert Trujillo, Tye, quien con tan solo 12 años toca el bajo como los grandes y lo ha demostrado con su banda THE HELMETS, quienes hace unas semanas se presentaron en el Festival Lollapalooza.

Para el momento en el que comenzó a sonar “Right Now“, tema con el que abrieron el setlist, ya el estadio se encontraba a pleno, al menos en un 90% de capacidad y a partir de ahí todo fue una locura. Ligeros inconvenientes de sonido impedían que la voz de Jonathan se escuchara del todo, y durante el transcurso del primer tema la banda sonó prácticamente en instrumental. Un siempre enérgico Munky, el carismático Head, el incansable Ray y un -sorpresivamente- conversador Davis, se apoderaron de la tarima con toda la actitud que les da más de 20 años de carrera, pero fue otro quien se robaría el show, el de menos edad y menos experiencia, y que cuando tocaba nos mandaba a callar a todos con su talento: el bajista Tye Trujillo.

El pequeño metalero no se conforma con ser un buen ejecutante sino que tiene demasiada actitud y no paró de saltar, batir su cabellera y moverse de un lado a otro en el escenario. Incluso hizo un pequeño solo de bajo antes de que Ray hiciera lo propio con la batería, y el público no se cansó de gritar “Trujillo, Trujillo” repetidas veces. Había tanta buena energía como variedad de público en la tribuna.

Bastaba con mirar alrededor para notar que la audiencia no paró de gritar, cantar y corear cada melodía de los conocidos sencillos que han hecho tan popular a esta banda. “Somebody Someone” fue la primera en hacer que el estadio rugiera a una sola voz, cosa que también ocurrió con los legendarios “Make Me Bad”, “Blind”, “Falling Away From Me” y “Freak On A Leash”. En el sector campo fueron muchos quienes se mantuvieron saltando, un fervor que se notó con los temas más memorables.

You’ll Want A Single”, “Good God” y “Coming Undone” (ésta última con un extracto de “We Will Rock You” de QUEEN) también prendieron a la mayoría y como si no fuera suficiente con ejecutar un clásico como “Shoots And Ladders” (con su respectiva ceremonia introductoria con gaita), la banda le añadió al tema los últimos compases de “One” de METALLICA, con un Ray Luzier dejando claro que él también puede tocar mejor que Lars. Desde aquella versión que hizo KORN del tema para el MTV Icon de Metallica no queda duda que los cuatro jinetes son una influencia para los de Bakersfield.

KORN vino al sur promocionando su más reciente disco, The Serenity Of Suffering, el cual resultó ser un sorpresivo regreso a sus raíces nu-metaleras y no solo les valió una nominación al grammy sino que les generó nuevos fans, además del perdón de los nostálgicos metaleros que no pudieron soportar que la banda hiciera un disco de dubstep. “Insane” y “Rotting in Vain” fueron los únicos temas nuevos que sonaron esa noche, en la que la banda recorrió casi toda su discografía, sin embargo nos quedó la sensación de que faltaron muchos temas más. Para una agrupación con tantos discos, es siempre un poco decepcionante que toquen menos de 90 minutos. El show del martes duró 80, entre los que se deben descontar el solo de batería y el tiempo que se tardan en volver para hacer el encore.

Pero así es el show de KORN, vienen haciendo el mismo setlist en toda la gira mundial y nada tuvo que ver el retraso, ni la ausencia de Fieldy, ni cualquier cosa que alguien pueda haber especulado, así que… como dice el dicho: de lo bueno poco. La banda fue una máquina de ejecución impecable y le dejaron claro al público argentino cuanto los aman, demostraron carisma y madurez, atrás quedaron aquellos chicos abusados con problemas de autoestima que odiaban al mundo y se auto destruían. Su sobriedad actual es tal, que hasta pueden tocar con un menor de edad sin que eso signifique un peligro para su inocencia (hace 15 o 20 años otra sería la historia).

En algo deberán estar la mayoría de acuerdo y es que lo que tocaron, lo tocaron bien y nos dejaron con ganas de más. La presencia de Tye le dio un añadido especial al show por resultar algo inédito y hasta me atrevo a decir que todos los que pudimos presenciar esto (en cualquiera de los países donde se ha dado esta unión Korn-Trujillo), fuimos parte de una noche histórica que quedará para el recuerdo de la memoria del rock.

Frank Hernández
Director en Rocktambulos
Escucho más de lo que veo y escribo más de lo que leo.
Periodista musical. Radio Host. Colaborador en Billboard. Fundador de Rocktambulos
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Todas las fotos fueron tomadas por Jimena Savelli y son propiedad de AKE Music / Todos los derechos reservados

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