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Localismos For Export: MAX e IGGOR CAVALERA Celebraron Los 20 Años de “Roots” en Buenos Aires

Hace veinte años se editaba Roots (1996) y la carrera de los hermanos Cavalera viraba hacia rumbos desconocidos para el Metal Latinoamericano: a su éxito anterior se le sumaba un cénit artístico que lo llevaba a las grandes luces del mundo metálico;  por esta razón es que CAVALERA CONSPIRACY cambió su nombre, de manera temporal, a “MAX & IGGOR CAVALERA Back To Roots”, conformando así una revisión discográfica ya con muchos años y más experiencia encima de ellos, probándose a sí mismo en una lucha contra su mejor momento, su juventud, para hoy legitimar su maduro presente. La puesta a prueba era en el Teatro Vorterix de Buenos Aires, en el marco de una gira latinoamericana sin días de descanso junto a la banda INCITE como acto soporte.

Con su más reciente alineación, la misma que grabó Up In Hell (2014) y el más reciente Opression (2016), INCITE era la apertura de la noche de MAX & IGGOR CAVALERA en el Teatro de Colegiales. Sí, en INCITE el vocalista es Richie Cavalera, y nombro esto por una mera conveniencia ya que es obligatorio para el ajeno al grupo conocer este dato particular pero que, en rigor de honestidad, espero que no sea ninguna condición para que la banda se codee con popes de la escena metálica. INCITE fue una correcta apertura para el show ya que continuaba un denominador común que se sentía en el aire: un público que clamaba por moshpits y el llamado agite, y por su parte una banda que se movía para todos lados concentrándose en el Metal Extremo, con un Richie Cavalera incitando al descontrol.

Su contracara era Derek Lopez – baterista – que reproducía sonidos violentos desde su instrumento pero lo hacía desde el tecnicismo – algo así como suele hacer Paul Bostaph en ponderar técnica a movimiento -, pero aún así era una base demoledora junto a “El” Elsten en bajo que, desafortunadamente, sufrió algunos embates del sonido y su instrumento llegó a picos de ruido bastante complejos de afrontar. En el sector izquierdo estaba Dru “Tang” Rome, con actitudes que recuerdan a los guitarristas de comienzos de los 00’s debido a cómo enfrentan al público y como juegan con su instrumento – similar a Wes Borland (LIMP BIZKIT) y su tratamiento con la guitarra -. Show entretenido, sonido a prueba y público contento: todo listo para el plato principal, la interpretación, luego de veinte años, de Roots (1996)

¿Primitivismo o reivindicación de una causa justa?, ¿romanticismo o luz sobre propuestas musicales casi olvidadas? Esa es la incógnita que recorre a Roots , el clásico de Sepultura que en 1996 codeó al Metal Latinoamericano con la hegemonía cultural del mundo anglosajón – aunque también de los países nórdicos de Europa – y pretendió llevar una cara de Brasil, casi exotizada, como exportación a la industria de la música. Veinte años después MAX e IGGOR CAVALERA decidieron retornar a sus raíces tocando íntegramente a Roots, por un lado, y volviendo al ambiente de “banda de garage” en el cual ellos desarrollaron su impronta. ¿Podrían hacerlo? El año para Max no era tan bueno porque al no tomarse un solo descanso a veces su cuerpo no le responde e Igor no ha mejorado con los años, más bien todo lo contrario, se ha concentrado más en la música electrónica y el Heavy Metal no parece tener su prioridad si analizamos sus performances en vivo y su rendimiento en los discos de estudio de CAVALERA CONSPIRACY. Pero al final la respuesta fue un “sí”, pudieron hacerlo y con creces y, lejos de pretender condescendencia, he aquí el análisis de lo que fue un show verdaderamente histórico.

Misteriosa introducción y un telón que se abre con luces enceguecedoras, un claro síntoma del ritual, y allí llegan uno por uno: Marc Rizzo (guitarra), Igor Cavalera (batería), Tony Campos (bajo) y Max Cavalera (segunda guitarra y voz), un auténtico dream team que comenzaría, siguiendo el orden del tracklist del álbum, con el clásico “Roots, Bloody Roots” para el delirio unánime en el campo de Vorterix donde si uno pasaba despistado lo más probable es que se lleve unos moretones porque la adrenalina que se cultivaba en ese sector del recinto era de un caudal enorme. El público clamaba por Roots y la banda se retroalimentaba de esta efervescencia con “Attitude” que lo tenía a Max saltando y llegando a los guturales en los tonos más altos y bajos de su registro vocal, una rareza si tenemos en cuenta sus últimos estados en vivo.

La seguidilla de “Cut-Throat” y “Ratamahatta” lo hacía soñar a uno con el regreso de los hermanos Cavalera a SEPULTURA, sin mucho análisis realista claro está y más emotivo que otra cosa, pero esto es a fuerza de un desempeño de Iggor que realmente estaba concentrado en su labor y su golpe, técnica y creación estaban en un buen punto, aunque nada de esto podía ser posible sin un bajista de altísima categoría como Tony Campos que hace lo que quiere con el bajo – en el buen sentido – y ya es todo un sesionista en el ámbito del Heavy Metal. El único aspecto negativo ahí es que el bombo de Iggor se confundía con el bajo de Campos y no permitía que el baterista se luzca en todo su potencial.

Ya tenemos los factores que hacen que el show se encamine hacia la historia: Max e Iggor en buen estado, un sonido apropiado y la ejecución completa de Roots – con un “Lookaway” terminando en improvisación como un momento alto de la noche – pero aún falta el verdadero regreso a las raíces: la banda de garage. Roots había culminado con “Dictatorshit”, el  grupo superó el tour de force de repasar el violento álbum de 1996 sin ningún ápice de quietud, y tras unos minutos de descanso buscaron redoblar la apuesta con un intenso recorrido por los clásicos de su antigua banda. Y ahí es donde la agrupación se lució: Rizzo y Campos se fueron del escenario, solo quedaron Max e Igor, la legendaria dupla jugándose a la humillación o a la historia y, afortunadamente, se fueron para el segundo camino, el de la excelencia.

Allí estaba Max tocando la guitarria – otra novedad ya que suele estar ahí de decoración – junto a Iggor interpretando clásicos de Sepultura mediante un popurrí – o medley en anglosajón -, a saber “Desperate Cry”, “Inner Self”, “Polizia” y “Orgasmatron”, todos ejecutados al tope de lo que Max e Iggor pueden dar hoy en día, y eso no es poco. Por su parte, el público hacía vibrar al Vorterix, no solo cantando las canciones, sino clamando por SEPULTURA… esto efectivamente no es una indirecta, es la prueba de que una gran parte del ambiente del Metal quiere a los Cavalera nuevamente en la banda que los llevó al estrellato.

War Pigs”, el megaclásico de BLACK SABBATH, y “Procreation (of the Wicked) de CELTIC FROST fueron la antesala al formato banda de garage, pero éste culminó con “Ace of Spades” de MOTORHEAD en una excelente versión con un Max desafiante, dejando las cuerdas vocales en escena y con toda la banda detrás para dejar el legado de Lemmy Kilmister bien parado, a un año de su fallecimiento. El cierre es con una versión más extrema de “Roots, Bloody Roots” y la sensación es de excitación, de necesidad de más música y de un show que aunque hubiese durado una o dos horas más, la situación seguiría siendo de algarabía. Contra todos los pronósticos, MAX e IGGOR CAVALERA crearon una situación histórica.

Cuando el show culmina y Max se va en un taxi por Avenida Federico Lacroze y, como era de esperarse, los fans le hacen la vida imposible para salir, aparece una señal de una realidad que muchos no soportan y claman a viva voz: un reflejo de la necesidad que existe por SEPULTURA con su miembros originales y, por descarte, se supone que en el máximo de sus posibilidades como músicos. Pero las cosas no son tan fáciles y tal vez sería un buen momento para que Max se reafirme en SOULFLY y en CAVALERA CONSPIRACY, mientras la nostalgia fue solo parte de este tour para no volver nunca jamás y los caminos de sus ex-compañeros con el de los hermanos Cavalera vayan por rumbos separados. Mientras esto ocurre y los deseos aumentan, la dupla más reconocida del Metal Latinoamericano dio un show inolvidable en Vorterix.

Facundo Guadagno
Redactor en Rocktambulos
Estudiante de Antropología, escéptico, músico y crítico.
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Todas las fotos fueron tomadas por Frank Hernández para rocktambulos.com / Todos los derechos reservados

 

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