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Espíritu Combativo: Un análisis sobre el Rockumental “SUCIO Y DESPROLIJO” #Argentina

El Metal en Argentina, como producto cultural, es indisociable de aspectos económicos, políticos y sociales. Su historia comprende una larga trayectoria de pensamientos, de ideas y acciones que ocurrieron en un periodo histórico particular, pero a su vez tienen relación con filosofías de hace cien, doscientos o miles de años atrás – el hermetismo, por ejemplo -. Una mirada comprehensiva sobre este fenómeno cultural implica un trabajo arduo en cualquier medio de expresión y, precisamente, si se trata de una película, la tarea debe conjugar la historia y una narrativa dinámica que, ante estos procesos complejos, puede soslayar algunos aspectos en pos de otros. En esta encrucijada está SUCIO Y DESPROLIJO (2015), el film dirigido por Paula Álvarez y Lucas Lot, bajo la productora Ají Producciones.

La historia del Heavy Metal en Argentina contada por sus protagonistas, esa es la meta de la película, la cual nos lleva a observar a tres actores: artistas, gente de la industria musical y el seguidor; cada uno de ellos en relación para que la escena musical emerja de un terreno que tiene sus raíces en la música de los 60’s y 70’s, más precisamente en Manal, Vox Dei, El Reloj y Plus, entre otros. Pero es en la figura de PAPPO donde los cimientos del Metal en Argentina, según la película, comienzan a hacerse tangibles debido a una estética y una actitud particular; no en vano, esta actitud le dio el pie a la segunda persona clave en esta historia que es Ricardo Iorio, permitiéndole a V8, su banda, ingresar en el BA Rock 1982, conseguir la grabación de su disco debut Luchando Por El Metal (1983) y los medios de difusión necesarios.

No obstante, V8 y PAPPO son mostrados como pocos disidentes dentro del explícitamente nefasto BA Rock ya que, en palabras de Gustavo Rowek, “habría que investigar el pacto músico-militar” en referencia a la última dictadura militar (1976-1983) en Argentina, mientras que el film asocia a las imágenes del festival con ciertos artistas, como Piero, que parecían meros títeteres de un “simulacro democrático”, una manera de aparentar ciertas libertades en el régimen.

Así, como todo proceso, el Heavy Metal en Argentina no nació en una fecha definida sino que sus bases se gestaron en los años 60’s y 70’s para luego desarrollarse en los 80’s. En esta década, junto al retorno de la democracia con la presidencia de Raúl Alfonsín (1983-1989), se promovió una dicotomía, tal como lo señala la película, entre “auténtico” y “falso” en relación al Metal que hasta el día de hoy perdura y es señalada como una actitud contraria al movimiento de Heavy Metal. Por supuesto, la categoría movimiento es discutible y la actitud que tiene el Heavy Metal también, pero ante esto la película se guía por la descripción que los actores hacen de sus experiencias dentro de la música pesada.

La segunda parte analiza la carrera de Ricardo Iorio y la influencia, realmente notable, que el músico genera día a día en lo que respecta al Rock pesado de Argentina, solo que ahora con la variante nacionalista de añadir Metal Pesado o Rock Metalero Pesado, así como lo sostienen Iorio, el “Tano” Marciello, Marcelo Caputo (ex-mánager de ALMAFUERTE) y muchos seguidores del músico; a tal punto que uno de sus seguidores afirma que Ricardo Iorio es un “orgullo argentino”, mientras se daba el clásico ritual de escuchar Heavy Metal y tomar alguna bebida alcohólica previa a un recital, más específicamente con el Estadio Malvinas Argentinas como punto simbólico de los recitales de ALMAFUERTE en Capital Federal.

Concluido el análisis sobre Ricardo Iorio, SUCIO Y DESPROLIJO vuelve a profundizarse en PAPPO, ahora no sólo como un precursor, sino como un músico que, en paralelo con el Heavy Metal, tenía la misma actitud que los cultores de este género sólo que con ciertas peculiaridades más cercanas a los motoqueros y a la vida en la ruta, una semejanza a lo que Iorio siente por los caminos ruteros de Argentina: un lugar de recreación, de encuentro con uno mismo ajeno a la ciudad corrompida, un romanticismo que puede ser juzgado como positivo o negativo según quién lo analice.

Por último está la certidumbre y la incógnita, dos antípodas que encuentran su alivio temporal en la incertidumbre, como se lo plantean Giardino, Carlos Tortola y tantos otros: ¿quiénes serán los que reemplacen a las bandas legendarias cuando estas ya no estén? Por esta misma razón se analiza el festival Metal Para Todos, donde bandas ya consagradas comparten cartel con bandas que recién se inician y, mientras tanto, en el público los que estuvieron en la emergencia del Heavy Metal en la Argentina terminan llevando a sus hijos o a sus nietos.

Lejos de ser un final feliz, la consigna “no se rindan”, como se titula el último capítulo del film, es un apología a la resistencia de un género que supo tener sus años de gloria y hoy, si bien está mucho más establecido en la sociedad y la madurez de los músicos y el público ayudan a la configuración cada vez más racional de la escena en Argentina, queda un vacío, una nostalgia ante un tiempo que en realidad no sucedió y, como consecuencia, se ve un género joven en crisis, como todo cuando se encuentra en tiempos de transición.

En conclusión, SUCIO Y DESPROLIJO es una introducción detallista al Heavy Metal en Argentina, pero ruega por una continuación ya que la longitud del documental sería muy extensa si se cubriera lo que pasó en el país post-2001 o post-Cromañón, o incluso el surgimiento de MALÓN u O’CONNOR o nombres ya casi olvidados como JESUS MARTYR. Una buena introducción a un fenómeno que ya es masivo y, como tal, merece varios análisis y reflexiones.

Facundo Guadagno
Redactor en Rocktambulos
Estudiante de Antropología, escéptico, músico y crítico.
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