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Los Delirios de las Deidades: SLAYER dio su ritual pagano en el Maximus Festival

Luego de que SLAYER haya estado en un limbo de incertidumbre durante el período 2013-2014 – gracias a la ida de Dave Lombardo seguida por la muerte de Jeff Hanneman -, la edición de Repentless (2015) significó el renacimiento sonoro y performático del grupo: musicalmente el conjunto estaba listo para barajar y dar de nuevo. Dos años después, la banda comenzaba su gira latinoamericana 2017 en El Salvador teniendo a Buenos Aires como su cuarta parada, dentro del marco del Maximus Festival; y es precisamente en este evento donde se centra nuestro análisis que busca responder a cómo encuentra el presente a una banda con treinta y cuatro años de carrera.

Tom Araya.

Precisamente, tocar en el escenario Maximus Stage se traduce en que el grupo es considerado como un acto relevante hasta el día de hoy; la tapa de Repentless en tonos grises se ubica al fondo del escenario, mientras con el correr de los minutos SLAYER congregaba a fieles seguidores que claman por ellos, ya sea con gritos o simbólicamente, desde tatuajes hasta remeras que expresan el deseo de ver a la banda de San Francisco: efectivamente, el cuarteto es una atracción especial del festival, cuestión no azarosa; sólo restaba chequear en vivo que el renacimiento del grupo no fue un artificio momentáneo.

La introducción con “Delusions of Saviour” aglutinaba la ansiedad de un público que en su núcleo central mostraba desesperación porque comience el recital, aunque por su parte, el resto de los oyentes apreciaba el show con tranquilidad, cuestión que se notó con “Repentless” y la división que produjo: el descontrol se situó específicamente en el centro del público desde donde se desprendían palabras ininteligibles que trataban de seguirle el ritmo a las líricas de Tom Araya. Desde las tablas el sonido se iba acomodando progresivamente, empezando con poca nitidez y luego puliéndose in crescendo; lo mismo ocurrió con la dormida voz de Tom que se despertó con el correr del show, y es en este marco donde pasaron “Disciple” y “Hate Worldwide” que, sumado a “War Ensemble” y “Postmortem” dieron el anticipo clave de lo que sería el setlist: una noche de clásicos con un par de nuevas canciones, cuestión que responde a que SLAYER se encontraba en el marco de un festival, así que el recorte de la lista de temas era inevitable. También es importante remarcar que el viento aumentó considerablemente para las siete de la tarde, horario en el que SLAYER desplegaba su arte, lo que resultó invariablemente en un factor que haría que el sonido se alterara. Finalmente, en “When The Stillnes Comes” el show giró 180 grados y el sonido, como la performance, mejoraron notablemente.

Gary Holt.

Es increíble cómo viven el show cada uno de los individuos de SLAYER; Gary Holt y Kerry King demuestran una entrega física y mental intensa en cada nota que se desprende de sus guitarras – una vitalidad envidiable considerando su edad y la puesta física que realizan -, además de la precisión lograda con experiencia en su ejecución y la improvisación casi descontrolada en los solos, medidos obsesivamente para no irse de tiempo. Paul Bostaph, por su parte, sería la parte que parecería “no encajar” en SLAYER – nótense las comillas –  ya que es un músico extremadamente técnico, cerebral, con un estilo milimétrico ante cada arreglo que realiza; pero su desempeño resulta un verdadero motor que le otorga un notable dinamismo a la banda, caracterizándose, precisamente, por mezclar sutilmente el tecnicismo y la violencia en su ejecución.

Ahora, ¿qué puede decirse sobre Tom Araya que no se haya percibido y plasmado por cualquier otro cronista que haya visto a SLAYER desde 1983? Araya tiene la habilidad de ser un canal de irracionalidad cuando vocifera con furia o grita con su inconfundible sello vocal; pero también es una figura imponente, inmutable, quieta en el escenario con una luz blanca sobre su rostro, que muestra a una persona que goza al pararse frente a un público entregado y, con una soltura hipnotizante, jugar a ser un asesino serial – como en “Dead Skin Mask” – o un militante en contra de la guerra – caso de “Mandatory Suicide”. Si bien su voz tardó en calentarse, y considerando que era el primer show de la gira, su desempeño fue más que positivo.

Kerry King.

Con el marco sonoro consolidado, sólo quedaba perderse en el arte que SLAYER tenía para ofrecernos: como podía anticiparse los clásicos tomaron el eje del show y así “Seasons In The Abyss” , “South of Heaven” y “Hell Awaits” fueron interpretados con una calidad indiscutible, aunque una mirada minuciosa al porte de Tom Araya podía notar cierto cansancio físico en el vocalista. Después de todo una banda tan intensa no durará para siempre y es razonable que existan momentos en los que la resistencia de los individuos no pueda dar un espectáculo visual al 100% de lo que “se espera” de una banda de Thrash.

Lastimosamente, los tiempos del festival nos hicieron un corte abrupto de un set que en su totalidad nos hubiese dado muchísimo más – si quieren darse un poco de rabia revisen las canciones tocadas en El Salvador, Costa Rica y Colombia -, pero la seguidilla “Raining Blood/Black Magic” y “Angel of Death” fue un final más que aceptable: Gary Holt volvió a cumplir individualmente con su solo previo al repiqueteo del doble bombo cortesía de Paul Bostaph; por su parte, es la primera vez que escucho al baterista hacer su solo con la misma intensidad que Dave Lombardo y, para balancear su desempeño en la noche, Tom Araya gritó el agudo que se encuentra al comienzo de la canción.

Nuevamente, SLAYER demostró que su vitalidad está intacta y que tienen mucho más para ofrecer, de hecho, ellos decidirán cuando esta historia deba terminar, como ya lo manifestó Araya en varias ocasiones debido a sus problemas físicos. Más allá de esto, el show que el cuarteto dio en Buenos Aires fue uno de los platos fuertes del Maximus Festival dejando a sus seguidores con ganas de más y con la necesidad de comprobar cómo funcionan las canciones de Repentless en vivo, más allá de la canción que la da nombre al álbum y “When The Stillness Comes”. Considerando los cuatro años que pasaron desde su última presentación en Argentina, esperamos que la próxima vez no contenga en sí a una espera tan prolongada.

Todas las fotos fueron tomadas por Juan Manuel Ortner. Todos los derechos reservados.

Facundo Guadagno
Redactor en Rocktambulos
Estudiante de Antropología, escéptico, músico y crítico.
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