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Y El Que No Le Preste La Oreja: Iorio Vuelve a Hablarle a Los Espiritus. Así suena “Atesorando en Los Cielos” de RICARDO IORIO #Reseña

La nueva obra del “patriarca” argentino del género metálico pesado ya está disponible para los oídos de sus seguidores, detractores y… el resto.

Converger en una visión sobre IORIO en determinados ámbitos es complicado. “El artista no debe descender a la arena política” le decía Ricardo a Beto Casella, citando a Goethe, en una de sus tantas entrevistas ocurridas desde el 2010 hasta el 2013. La actual necesidad imperiosa de Iorio de tributar a sus influencias foráneas – y, de paso, revisitar su carrera – aparece como la continuación lógica de su obra en la que exaltaba a sus referentes nacionales para la génesis de su impronta rockero-metálica. Hablo de Ayer Deseo, Hoy Realidad, el álbum que vio la luz en 2008 bajo su sello Dejesú Records.

Atesorando en Los Cielos se titula esta continuación y, el título, no puede ser azaroso para un artista que, como él mismo lo dice, “camina por las paredes por las letras que escribe”. El sentido de la obra es animista: el mercado musical en el que estamos involucrados los mortales, guiado por las normas de las grandes discográficas, sólo median para la concreción del sueño de un artista. Por eso, Atesorando en Los Cielos está dedicado a ellos, quienes son ignorantes de los espiritual, herederos del viejo interés personal”. Aunque, en especial, a los espíritus que guían al artista.

Ignacio Corsini, frenado por un corte rockero en forma de sampler, evoca a la figura de una guitarrera que pulsaba las cuerdas de su guitarra; Iorio describe el presente y observa a Carina Alfie siendo la orquestadora, la guitarrera aggiornada que musicaliza al hit instantáneo que abre el álbum: precisamente, “Guitarrera”. La lírica no deja de ser polémica si realizamos una conexión con lo que Iorio llama “identidad nacional”. En cuanto a la música, el “rock duro” es bellamente ejectuado: efectivo, cancionero, en síntesis, una buena apertura. “Preguntando Lo Que Todos Saben”, cover de Budgie, es un hermoso relato de amor, de subjetividad y soledad en el mundo moderno. “Robó un Auto” es revitalizado: el festejo de un pasado artístico glorioso en un presente que, para el artista es superior, le da un color especial a la versión y esto es palpable en el resultado final.

Un punto flojo del álbum aparece con la charla sincera entre El Perro Cristiano y su deidad en “Quiero Ser Como Usted”. Las líricas no poseen la solidez a que Iorio nos acostumbró, sumado a una traducción de Roxette al Rock que queda trunca, forzada y descolocada en el todo de la obra. “The Krochik” repunta musicalmente, una gema emocional realmente, compuesta junto a Miguel Krochik, siguiendo la senda del Rock pesado y otorgando otro clásico para la trayectoria de Ricardo Iorio por un acto de nobleza hecho canción. “Justo Que Te Vas”, esa canción que se enlaza inexorablemente con uno de los peores momentos personales del artista hace más de diez años, es otra hermosa canción honesta, quizá de necesaria reinterpretación para el bienestar, por así decirlo, espiritual del artista. “No Me Cambiarán” es otra conexión lógica: Iorio y Black Sabbath; ¿qué otros referentes para el Heavy Metal, siendo ambos de latitudes tan distantes, podrían tener tantos puntos en común? La musicalización pinta un rock pesado que deja al artista entrever su personalidad de manera cruda. “De Mi Rumbear al Sur”, de excelsa interpretación musical, tal vez sea otro punto flojo: más allá de la poética y el carácter intimista de las líricas, el tópico parece ser mucho más explorable para la pluma de Ricardo.

Una reconciliación, un poco de nostalgia y un presente revitalizado es la vívida versión de “Ideando la Fuga” de V8, dándole el protagonismo vocal a Alberto Zamarbide. Los años no vienen solos: a Ricardo se le complica llegar a las notas vocales de “Otro Día Para Ser” pero ¿hace falta caer en este análisis? No, para nada: esta versión no se trata de atinar o no una nota, más bien su senda es emotiva, una manera de revisitar un clásico de la música pesada argentina a modo de cierre del álbum. Un cierre perfecto, pero la conclusión real del álbum la da “Uno”. La versión del tango de Mariano Mores, es el nexo poético, esta vez interpretado de manera instrumental, con la “identidad nacional” que Ricardo busca reivindicar. Para bien, nada queda cerrado, mucho menos en un disco de Ricardo Iorio.

En un 2015 complejo a nivel social para la Nación, este disco reclama relecturas que, en todo caso, su debate está dirigido a otro ámbito y no a los fines de esta reseña. Pero en cuanto a lo musical, el balance es más que positivo: Ricardo pudo adueñarse de una idea y llevarla a cabo. De lo más destacado del año discográficamente, el máximo exponente del Metal Argentino vuelve a darnos una obra que exige varias escuchas. Espero que algún día tengamos la chance de escuchar algunas de estas canciones en vivo, algo que parece una utopía. Sólo podemos conformarnos con atesorar esta obra, disfrutarla y redescubrirla. Así es, el letrista argentino más importante de la música pesada autóctona lo hizo de nuevo. Nosotros simplemente se lo agradecemos celebrando su vitalidad y disfrutando de otro gran disco de Ricardo Iorio.

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La nueva obra del “patriarca” argentino del género metálico pesado ya está disponible para los oídos de sus seguidores, detractores y… el resto. Converger en una visión sobre IORIO en determinados ámbitos es complicado. “El artista no debe descender a la arena política” le decía Ricardo a Beto Casella, citando…

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