Como en casa: DAVID ELLEFSON volvió a Buenos Aires para repasar su historia #ReseñaReseñasShows (Así Fue) por Facundo Guadagno - 17/02/202617/02/2026 El sábado14 de febrero, Uniclub fue escenario de una de esas noches que resultan obligatorias como cita para cualquier seguir de la música pesada: el ex-bajista de MEGADETH, David Ellefson, volvía al país con su Basstory, reafirmando una conexión que supera lo musical. Su visita no fue simplemente un repaso de clásicos: fue una celebración de una historia compartida entre músico y público, con décadas de intensidad acumuladas.La velada tuvo tres actos soportes —MELLOWDEATH, OCIO y VIEJO BLANCO— todos con un sonido sorprendentemente cuidado y profesional. Cada banda tuvo su espacio y su identidad. VIEJO BLANCO, mucho más enfocado en el Hard Rock clásico, llevó un grupo propio de fans incondicionales que corearon cada tema y dejaron en claro que no estaban ahí de casualidad. Desde temprano se percibía que la fecha tenía un carácter especial.Ya con la banda principal en escena, el volumen fue alto, sí, pero limpio. Potente sin ser confuso. El bajo cortaba con definición, las guitarras se distinguían entre sí y la batería se sintió firme y presente – y con arreglos más que interesantes – durante toda la noche. Fue un sonido alto, pero bien trabajado, lo que permitió disfrutar cada detalle sin perder matices.El show contó con Andrew Freeman en voz, Andy Martongelli y Emmanuel Lopez en guitarras y Adrian Espósito – «Esposíto» en la pronunciación de Ellefson – en batería. Freeman sostuvo el repertorio con personalidad propia. Se desempeñó particularmente bien en las canciones asociadas a Ronnie James Dio y Rob Halford, donde la exigencia técnica -control del agudo, potencia sostenida, proyección- es central. Allí mostró solvencia y seguridad. En cambio, las composiciones vinculadas a Dave Mustaine u Ozzy Osbourne presentan otro tipo de dificultad: no solo técnica, sino actitudinal. Mustaine tiene un fraseo filoso, muy personal; Ozzy posee un timbre y una impronta que son prácticamente irreproducibles. Esa identidad hace que interpretarlos resulte aún más complejo. Aun así, Freeman resolvió con inteligencia, sin caer en la imitación forzada, y exhibió un excelente manejo del grit, siempre controlado y efectivo. El repertorio fue un desfile de clásicos de MEGADETH: “Dawn Patrol”, “Tornado of Souls”, “Trust”, “Sweating Bullets”, “Reckoning Day”, “Hangar 18”, “Angry Again”, “Skin o’ My Teeth”, “Train of Consequences”, “Wake Up Dead”, “Symphony of Destruction”, “Peace Sells” y más. También hubo espacio para homenajes a BLACK SABBATH, JUDAS PRIEST, FIGHT, y SEX PISTOLS, ampliando el espectro del tributo.Uno de los momentos más emotivos llegó antes de “Symphony of Destruction”. Dave Ellefson tomó la palabra y recordó la primera llegada de MEGADETH a la Argentina en diciembre de 1994. Evocó aquella experiencia inicial y cómo el grito de “aguante Megadeth” trascendió fronteras hasta convertirse en una marca registrada del público argentino en el mundo. En ese instante, Uniclub respondió con la misma intensidad que hace treinta años.A lo largo de la noche se lo vio genuinamente emocionado con la reacción del público. Sonreía, buscaba el contacto visual, se acercaba al borde del escenario. Incluso, en un guiño acorde a la fecha, bromeó con un “te quiero” dirigido a la audiencia por San Valentín, desatando risas y aplausos. La banda sonó ajustada, dinámica, sólida. Las guitarras enfrentaban un desafío enorme: recrear algunos de los riffs y solos más emblemáticos del Metal sin desnaturalizarlos. Martongelli y Lopez estuvieron a la altura, con precisión quirúrgica en pasajes más que difíciles como “Hangar 18” o “Tornado of Souls”, y con una solidez rítmica que sostuvo cada clásico con autoridad. No hubo fisuras ni desajustes: hubo respeto por el material original y, al mismo tiempo, energía propia. Pero si hay que destacar especialmente a alguien en el terreno instrumental, es a Adrian Espósito. No solo reprodujo con fidelidad patrones icónicos en la batería, sino que incorporó arreglos y matices que enriquecieron la interpretación sin traicionar la esencia.El regreso de David Ellefson a Buenos Aires representó más que un simple concierto, fue un acto de reafirmación. Un reencuentro con una parte esencial del Metal y con una historia compartida entre artista y país. Y cuando finalmente sonó “Peace Sells”, la sensación fue clara: algunas conexiones no envejecen, simplemente se vuelven más profundas.©Todas las fotos fueron tomadas por Carlos Martínez para Rocktambulos / Todos los derechos reservadosFacundo GuadagnoRedactor en RocktambulosAntropólogo. Politólogo. Escritor.