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El eterno buscador: ENRIQUE BUNBURY volvió a Buenos Aires para reinventarse, como siempre #Reseña

Enrique Bunbury es alguien en una búsqueda constante, sin querer llegar a algún en particular. “El viaje a ningún lugar” es el título de uno de sus discos y una frase que bien puede describir su carrera. El viaje mismo es el objetivo. Y su público está conformado por quienes lo reconocen como su capitán, llevándolos a donde él quiera.

En esta actualidad, el español se encuentra en un constante dialogo entre presente y pasado, creando material nuevo de forma híper prolífica (Seis discos en seis años), pero trayendo músicos y formaciones de su pasado para interpretarlos. Así como en su show anterior en Ferro revivió a EL HURCAN AMBULANTE, su banda de principios de los 2000, para este concierto mezcló a integrantes de ese grupo junto con otros de LOS SANTOS INOCENTES, el conjuntó que lo acompaño la mayor parte de su carrera en solitario.

Como su héroe Bob Dylan, Bunbury se encuentra en la gira sin fin, un lugar donde las reglas no aplican. La excusa de que haya un nuevo disco a presentar no tiene influencia acá, con apenas un par de canciones diciendo presente. El hecho de que sus últimos trabajos sean mayormente acústicos no significa nada a la hora de querer electrificar su banda. La regla de que en los shows masivos se tienen que tocar los hits es irrelevante para un artista que decide basar su show en sus últimos diez años. En épocas de satisfacción inmediata donde la gente abuchea al artista por no darles lo que quieren, Enrique se para de otra forma y la gente lo recibe desde otra perspectiva. Al público se lo puede educar.

El lema de esta gira es el de “Nuevas Mutaciones”, donde transforma sus canciones históricas y no tanto. Una canción puede ser nueva y ser bastante diferente a lo que escuchamos en el disco. Pero de alguna forma, esto no es una novedad, ya que es lo que ha hecho en todas las giras en mayor o menor medida. De alguna forma lo que intenta en este show es maximizar eso, sobre todo en sus composiciones más viejas, recorriendo HÉROES DEL SILENCIO (“La Sirena Varada”, “La Carta”) o su catálogo solista más antiguo (“Infinito”, “Lady Blue”).

El disfrute es el lei motiv del show. El disfrute de poder mantenerse activo y relevante como artista y poder compartirlo con el público. “Esta va a ser una buena noche” dice el cantante al principio del show. Para alguien que vivió arriba de un escenario, solo le basta un par de canciones para saberlo. Y no se equivoca. Es por eso que en canciones como “Maldito Duende” o “De Todo el Mundo” deja toda solemnidad de público y se zambulle entre el público para cantarles. Una viejita para darles el gusto y una más o menos actual, pero con un mensaje crucial. A veces el mensaje hay que darlo de la forma más obvia y directa posible; a la cara.

Del show no podemos esperar otra cosa que el profesionalismo de siempre. Si uno se entrega a lo que el artista quiere brindarte, es imposible salir decepcionado. Si para alguien ir a un show es un ejercicio de nostalgia, este no es el lugar correcto.

Enrique Bunbury es una rara avis. Es de esos artistas que funcionan como una especie de error en la matrix, que logran colarse en el mainstream aunque hagan todo lo contrario y luchen para no pertenecer. Pero es que a veces, hay individuos que tienen una pulsión artística tan fuerte, que es imposible ignorarlos.

©Todas las fotos fueron tomadas por Juli Salvo y son cortesía de la producción (Pop Art Music)

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