Arte puro, hasta el fin: MY CHEMICAL ROMANCE volvió a Argentina, 18 años después #ReseñaDestacadaReseñasShows (Así Fue) por Frank Hernández - 06/02/202606/02/2026 Esperamos muchos años, demasiados, pero finalmente ocurrió. MY CHEMICAL ROMANCE volvió a tocar en Argentina luego de 18 años y lo hizo con un show que fue mucho más que un recital. Este domingo 1 de febrero, el estadio de Huracán fue escenario de una experiencia ambiciosa, teatral y emocionalmente devastadora, donde la banda no solo celebró el disco The Black Parade, sino que reafirmó su vigencia artística con una puesta en escena tan única y especial que noche tras noche varía. Este show denominado Long Live The Black Parade no se repite dos veces de la misma forma.El espectáculo estuvo construido como una obra por actos y se extendió por más de dos horas, siendo la primera mitad dedicada íntegramente a The Black Parade, interpretado de principio a fin, mientras que la segunda parte se volcó a un recorrido intenso por distintas etapas del grupo, con una selección especialmente agresiva, varias rarezas y un cierre pensado para dejar al público exhausto. Es curioso que la última vez que MCR nos visitó estaban promocionando, justamente, The Black Parade. Fue en 2008, en pleno auge de aquel álbum que los catapultó al mainstream definitivo, sin embargo «pasaron cosas» y entre otros detalles, el grupo se separó. Afortunadamente todo eso quedó en el pasado y la banda está de regreso, más fuerte que nadie y más popular que nunca, haciendo por primera vez una gira de estadios que finalmente los trajo de vuelta por estos lados. View this post on InstagramA post shared by Rocktambulos (@rocktambulos)Desde antes de que sonara la primera nota, la puesta en escena marcó el tono. Un ojo gigante suspendido desde lo alto dominaba el escenario, proyectando imágenes y mensajes en keposhka, un idioma creado por la banda para esta historia (sí, así como lo leen, MCR creó su propio abecedario) y situando al público en una ciudad devastada que, aunque sabemos que es un país ficticio llamado Draag y ubicado en Europa del este, la imagen remitía a una Nueva York post 11 de septiembre, evento fundacional en la historia de la banda. La escena inicial nos mostró a un anciano barriendo lentamente el escenario, dejando todo listo para que Gerard Way y el resto de la banda aparecieran en tarima y, uno a uno, fueran medicados por una enfermera, dando inicio al relato con “The End.” y estableciendo desde el primer minuto que lo que estaba por suceder respondía a una narrativa clara y deliberada: eran víctimas de un sistema opresor que los mantiene controlados, medicados y los obliga a «hacer lo que mejor saben hacer».La primera parte del show se desarrolló como un descenso progresivo hacia el corazón oscuro de The Black Parade. Con la banda caracterizada bajo una estética que evocaba al disco, pero reinterpretada desde la madurez actual, MY CHEMICAL ROMANCE avanzó canción por canción construyendo una atmósfera opresiva, muy teatral y profundamente emocional. “Dead!” irrumpió como un primer golpe de energía y “This Is How I Disappear” desató los primeros pogos en el campo. Cantando desde un podio de oratoria, Gerard le fue dando cada vez más intensidad a su actuación, haciéndonos vivir el personaje. Mientras “The Sharpest Lives” musicalizaba el tono desesperado del relato, “Welcome to the Black Parade” desató uno de los momentos más emotivos de la noche, con miles de personas cantando cada palabra a los gritos mientras encendían sus linternas para iluminar el estadio. View this post on InstagramA post shared by Rocktambulos (@rocktambulos)Este clima que mezclaba nostalgia con luto se extendió gracias a otra esperada balada: “I Don’t Love You”, donde el coro del público fue ensordecedor. Posteriormente el ambiente se volvió más íntimo y tenso con “Cancer”, mientras que “House of Wolves” y “Mama” devolvieron el dramatismo y la agresividad, con fuego brotando desde distintos puntos del escenario y una interpretación cargada de intensidad. “Sleep” sumió al estadio en una atmósfera densa y pesada para que luego “Teenagers” devolviera el pulso alegre y más directo mientras que “Disenchanted” fue cantada de principio a fin por un público completamente entregado. Cabe resaltar que entre temas la obra teatral continuaba, con un dictador que aparecía a través de las pantallas y una banda que estaba siendo vigilada por sus carceleros de quienes no podían escapar.El clímax visual de esta primera parte llegó con “Famous Last Words”: Fuego en todo el escenario, llamaradas la parte superior y frontal del escenario y una escenografía imponente que incluyó el encendido de una bengala por parte de Gerard Way, acompañaron uno de los picos emocionales del show, con la banda tocando al límite. El tema fue fusionado hacia el final con un reprise de “Welcome to the Black Parade”, reforzando la sensación de cierre de acto, como si estuviéramos llegando al final de la película, pero todavía quedaba un poco más. Luego vendría una versión de “The End.” en piano y violín con la que bajaron momentáneamente las revoluciones antes de que sonara “Blood”, grabada, y se desarrollara el momento más extremo e inolvidable de la noche.Durante “Blood” llegaría el gran cierre de esta obra. Gerard Way, disfrazado de doctor, protagonizó la escena gore del espectáculo cuando en una camilla de hospital apareció “the clerk” —el empleado del dictador que los mantenía presos— y el vocalista llevó a cabo su rebelión y venganza. The Clerk fue brutalmente asesinado por Way: apuñalado múltiples veces en el pecho, destripado y finalmente ahorcado con sus propias vísceras, mientras la sangre salpicaba el escenario. Esta escena, que ha variado a lo largo de la gira, explica en parte por qué algunos fans en otros países han criticado el show como no apto para menores. En funciones anteriores, incluso, los roles se invertían y era el clerk quien asesinaba a Gerard. Desde el inicio del arco temático de Long Live The Black Parade, la narrativa, ha mutado: persecuciones, ejecuciones con fusilamientos o ahorcamientos y distintos personajes han ido apareciendo y desapareciendo, haciendo de esta una obra viva, cambiante y poco común en la música, haciendo de este tour un espectáculo muy especial y valioso. View this post on InstagramA post shared by Rocktambulos (@rocktambulos)Bañado en sangre, el vocalista se retiró y «The Black Parade», esa intrigante obra teatral que disfrutamos durante toda esta primera parte del show, finalizó. ¿Qué ocurrió con ellos? ¿Huyeron? ¿Murieron? No lo sabemos, pero tras un interludio atmosférico con cello y teclados, la banda regresó al escenario, ahora sin disfraces ni personajes. Era MY CHEMICAL ROMANCE en su forma más directa.La segunda parte del show marcó un cambio inmediato de atmósfera: más velocidad, más crudeza y una energía orientada al cuerpo. Fieles a su costumbre de no repetir setlists, la selección de temas en Buenos Aires fue especialmente celebrada por los fans de la faceta más agresiva del grupo. Nos sorprendieron con “Bury Me in Black” y “Our Lady of Sorrows”, ambos estrenos del tour, pero la gran sorpresa de la noche fue, sin dudas, “To the End”, una de sus mejores canciones que fue interpretada este domingo por primera vez en casi 20 años. Que haya sonado en Argentina convirtió al país, literalmente, en la envidia del mundo.El público respondió con una intensidad constante. A pesar de no ser una banda cuyo público se caracterice por la agresividad o el exceso de energía, como suele pasar con otros géneros del rock y el metal, se abrieron varios pogos en distintos momentos del show y hubo un nivel de canto y griterío tan alto que, salvo en sectores cercanos a los parlantes, por momentos la voz de Gerard Way quedaba tapada por la masa de gente. La divertida “Na Na Na” funcionó como uno de los momentos más festivos y saltados de la noche, mientras que el clásico “The Ghost of You” aportó una pausa emocional antes de volver a acelerar, con el público nuevamente iluminando el estadio con sus linternas. View this post on InstagramA post shared by Rocktambulos (@rocktambulos)Gerard demostró estar en un gran momento y con su energía y su impecable voz nos hacía olvidar que ya tiene 48 años. El frontman dejó la garganta a lo largo de todo el segundo set, especialmente en los temas más exigentes y agresivos, sosteniendo una entrega vocal total hasta el fin del recital. Al igual que ocurrió con la inesperada «To The End», los temas «Give ‘Em Hell, Kid» y«Vampires Will Never Hurt You» fueron otra inyección de adrenalina y un verdadero regalito para los fans de la vieja escuela. La recta final llegó con “I’m Not Okay (I Promise)”, uno de los más coreados de la noche y donde muchos viajaron en el tiempo para volver a tener 15 años, seguida por la enérgica “Boy Division”, y finalmente, sin encores ni falsas despedidas, llegó el cierre definitivo con “Helena”, elegida como última canción de la noche. Un final emotivo, catártico y colectivo, donde vimos a un estadio en pleno cantar, agitar los brazos y ser feliz. No en todos sus shows cierran de esta manera, pero en este caso fue así. El tema más emblemático de MCR completó uno de los mejores setlists hasta la fecha y selló el regreso de la banda a Argentina de la mejor manera posible. Mención especial para Ray Toro que tocó con púas decoradas con el logo de Boca Jr y para los diseñadores de toda esta obra que cuida tanto los detalles que hasta la ropa del merch oficial tiene las instrucciones de lavado escritas en keposhka (y algunas confesiones crípticas también, como que fueron hechas por esclavos de Draag). Lo de MY CHEMICAL ROMANCE en Buenos Aires fue una combinación de emociones: fue explosivo y a la vez introspectivo, fue nostálgico y a la vez moderno, fue inspirador y a la vez preocupante (por la historia narrada y su parecido con el mundo actual). En fin, fuego real, una escenografía ambiciosa, actuaciones deslumbrantes, una narrativa cambiante, una historia que cuenta con su propio alfabeto y un setlist que combinó celebración, sorpresa y violencia estética. No fue solo un recital, fue arte puro. Fue una experiencia teatral y musical que confirmó que esta nueva era de MCR no vino a vivir de viejas glorias sino a proponer algo diferente, algo que nadie nos estaba dando, algo que solo un grupo de verdaderos artistas podría ofrecer. Atrás quedó aquella banda de la que algunos se burlaban y que otros solo conocen por un par de baladas que sonaron en la radio, ahora estamos ante una banda que inspira respeto, con un sonido demoledor, capaz de tocar tan fuerte y hacer vibrar un estadio como las grandes leyendas, pero sobre todo ofreciendo un espectáculo con todas las letras. El regreso de MY CHEMICAL ROMANCE no solo estuvo a la altura, sino que nos dejó la sensación de haber sido testigos de algo que tal vez nunca se repetirá. Definitivamente vale la pena ver este show más de una vez, en más de un lugar, porque la historia de The Black Parade nunca se cuenta igual.Frank HernándezDirector en RocktambulosEscucho más de lo que veo y escribo más de lo que leo. Periodista musical. Radio Host. Escribí en Billboard, Rockaxis y más. Fundador de Rocktambulos View this post on InstagramA post shared by Rocktambulos (@rocktambulos)©Las fotos de portada fueron tomadas por Bryce Hall y son cortesía del artista. Todos los derechos pertenecen a su autor