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La segunda vez es mejor: MR. BUNGLE volvió a demostrar su vitalidad en Chile

Gente que va, viene, venta de “poleras”, y proliferación de brebajes desde las cuatro de la tarde. ¿Qué ocurría en el Teatro Coliseo de Santiago? MR. BUNGLE iba a presentarse por segunda vez, luego de dos años de ausencia y con la vara altísima en su triunfal regreso a los escenarios. Además, este fue el primer sideshow del Knotfest anunciado. El cóctel de ansiedad se resumía en fans que, en suerte de camping, se agolpaban en la entrada al teatro.

Con la misma puntualidad que el jueves 8, COMO ASESINAR A FELIPES empezó su set a las 20hs, y el recinto tardó poco en llenarse, con un calor sofocante del cual no podía escaparse ni en el más recóndito sector del teatro. Siguiendo a la energía que los caracteriza, la banda local fue una más que digna apertura, que se ganó al público rápidamente. Presentación de los músicos, amorosos saludos y comienzo del armado para la banda principal, que nos amenizó la velada con Funk y algunas canciones easy-listening. Hermosas rarezas a las que nos tienen acostumbrados. Incluso sonó “Easy”, la versión de LIONEL RICHIE, no FAITH NO MORE, pero eso no impidió que el público la cante. 


Comienzo con “Won’t You Be My Neighbour?” y, de repente, todo se detuvo: la banda entera se inclinó para saludar, reverencialmente, al público; así se produjo el guiño al pasado que tanto esperábamos: “Welcome Back”, canción con la que iniciaban su gira de 1991, fue interpretada íntegramente y luego, claro, llegó “Anarchy Up Your Anus”. Y lamento la excesiva concentración en Mike Patton, pero si su regreso a los escenarios fue notable tras haber estado en un espantoso ostracismo, esta noche tuvo una versión aún mejor que el primer show de la banda en Santiago: Mike lució su look 1991 – mohawk, solo que esta vez con trenzas -, alegre volvió a girar en círculos – su tic que tanto lo distingue – y la misma persona que sufría ataques de pánico cuando se le acercaba gente recibió un vaso de cerveza en la cara teledirigido. ¿Reacción? Desafiante, pidiendo más, como aquel Patton que recibía escupitajos en 1995.

Ya mismo, ¿en qué se diferencian las fechas del 8 y el 10, fuera de las características ya mencionadas? En primer lugar, el público que asistió tuvo una reacción apasionada con circle pits constantes, cantando letra por letra de cada composición y siendo cómplices de la banda en cada guiño. Distinto orden de canciones, por otro lado. El bajo de Trevor Dunn estuvo mucho más presente en la mezcla, y eso es más atribuible a un sonidista atento a la acústica del Teatro que al nuevo look de Trevor: la inconfundible cresta punk. La banda estuvo mucho más precisa – si es que eso es posible – y no sufrió inconvenientes en su sonido, así que Trey Spruance pudo hacer y deshacer con su guitarra según le pareció apropiado. Mismo resultado para Scott Ian, aunque su rol de guitarrista pase a ser, estrictamente, un acompañamiento para Spruance.

A veces ocurren cisnes negros. Dave Lombardo se perdió en “Glutton for Punishment” – sí, esto es real – y la banda tuvo que parar. “Oye, ¿vieron la copa del mundo? Tarjeta amarilla, y la próxima roja”, respondió Patton, que tampoco tuvo piedad para el segundo falso arranque, ya que esta vez el error fue de Scott Ian. “Y ahí una falta, eh”, señaló el vocalista. De cualquier manera, Lombardo es tan sensacional que canciones simples, como “Malfunction” o “World Up My Ass” se convierten en piezas imposibles de ejecutar si es que se pretende imitar la reversión del baterista.

Y llegó el triste final: “Sudden Death” anunciaba que todo había terminado. Más si Patton presentaba a la banda, todas en relación con su trasero: en este caso, Dunn sería el de “culo chato” – el bajista dijo que lo tenía humedo en un español chicano – y Spruance el del “culo gordo”. Afortunadamente, en el soundcheck el grupo hizo “Loss of Control” de VAN HALEN – con un Mike Patton impecable -, así que alguna sorpresa habría. Era esperable la versión de “Gracias a la Vida”, el esencial de VIOLETA PARRA, pero, para asombro de todos, el grupo tocó íntegramente “Territory“, de SEPULTURA, en una actitud combativa que también se reflejó en otros momentos, como “Hypocrites/Speak Spanish or Die”. Fue sorprendente porque Mike se refirió como “Don Chanchisco” a Don Francisco, el conocido presentador de televisión chileno, luego de que en 2010 su relación haya sido cordial con el inolvidable “Don Corleone“: tres años después, confesó que la referencia porcina pasó por su cabeza, pero le pareció demasiado, hasta hoy, llamándolo hipócrita. Las denuncias contra Francisco no pasaron desapercibidas para el vocalista.

Ahora sí, había llegado el inminente final. “Nos vemos en el Knotfest”, nos recordó el buen Mike. Afortunadamente, MR BUNGLE goza de buena salud, tiene la versatilidad necesaria y la química para presentarse como grupo y no como un homenaje a algo que supo vivir años atrás. Estamos atentos a su impredecible camino.

Facundo Guadagno
Redactor en Rocktambulos
Antropólogo social y cultural, escritor, escéptico y crítico
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