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Pasando la Trinchera: BABASÓNICOS volvió a llenar en Buenos Aires #Reseña

Hace mucho tiempo atrás, en 1973, con la Interpretación de las culturas, el antropólogo Clifford Geertz dejó en claro cómo entender cuándo algo es socialmente relevante: cuando el objeto de estudio lo diga. Más cerca en el tiempo, con Trinchera (2022), BABASÓNICOS continuó su renovación electrónica, es decir, un cambio estético que tiene relevancia para un público joven, demostrando que eso es lo que importa en este caso: quién legitimará este cambio. Varios Movistar Arena llenos en Buenos Aires algo están indicando. Veremos qué pasó el viernes 28 de octubre en ese recinto.

Gente que va, viene, inquietud y un escenario extrañamente dispuesto con una pasarela. Las luces se apagan repentinamente y suena “Bye Bye”, con letras incluidas en los carteles laterales. Probablemente ese sea uno de los factores que más impacten en el show – literal – de BABASÓNICOS: la escenografía compleja, las pantallas gigantes nítidas, el juego de luces y, por supuesto, un sonido prístino. La continuación con la seguidilla de clásicos “Los Calientes” y “Putita” incide, precisamente, en eso: ser clásicos. En ningún momento el grupo va a mirar atrás si no es por un hit, ya que le dedicaron nueve canciones a Trinchera, y el resto se concentró en sus álbumes recientes. Reitero: las excepciones fueron los clásicos ineludibles.

PH: Pia Figueroa

Esta renovación del grupo es diametralmente opuesta a, supongamos, Dopádromo (1996) o incluso Jessico (2002), entonces si se apunta a un público joven, el resultado será cruzar un umbral que no es necesariamente malo, pero los roles cambian. Simplemente con ver al público en el Movistar Arena se entendía que esto era un evento social: selfies, conversaciones, caminatas de aquí para allá, recorridas por los baños. De fondo, BABASÓNICOS. No es algo negativo, simplemente son maneras de vivir la música.

Respecto a eso, que es donde pongo el punto, el tándem Castellano (batería) y Torres (bajo) es fundamental como motor de la banda, el primero más virtuoso, quizás, pero con la necesidad de que las cuatro cuerdas tengan la precisión implacable que hacía vibrar al estadio. Configuración de música electrónica, pero tocada por humanos. Ahí cobra mucha relevancia Diego Tuñón (teclados) con los magníficos climas que crea, semejantes a los de Mariano Domínguez (guitarra). A todo esto, el multifacético Carca (guitarra, percusión) que es imprescindible para el sonido característico de BABASÓNICOS.

PH: Pia Figueroa

Claramente, falta una figura: Adrián Dárgelos (voz). Por él pasa todo el show, entendiendo que la estética a la que apuesta la banda es la de una sensualidad desenfadada, así que Adrían irá por la pasarela con sugestivos bailes, cantará cercano al público, jugará con las luces y, curiosamente, no tendrá contacto verbal: solo ocurrió en el final con un “gracias por esta noche inolvidable”. El comportamiento no verbal dice más cosas, sin dudas.

Es muy difícil encontrar puntos altos en la noche ya que, como dije, el estado de éxtasis permanente debido a esta radical transformación convirtió a la noche en una serie de nuevos clásicos. Aunque, arriesgaría que “Pendejo” fue una sorpresa más que valorada y eso se transmitió desde el escenario.

Final glorioso con “El Colmo”, lluvia de selfies y continuación de la fiesta con gran parte del público enfilando hacia Palermo. BABASÓNICOS no mira atrás, la jugada fue exitosa y los consagra como imprescindibles del Rock argentino.

Todas las fotos fueron tomadas por Pia Figueroa / Todos los derechos pertenecen a su autor

Facundo Guadagno
Redactor en Rocktambulos
Antropólogo social y cultural, escritor, escéptico y crítico
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