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Furia y divinidad: La guitarra de YNGWIE MALMSTEEN retumbó en Argentina #Reseña

Desde 1996, allá en su primer arribo al país, YNGWIE MALMSTEEN construyó una estrecha relación con sus fans. Es que, por alguna razón sociológica, el Metal Clásico – término vago pero comprensible entre quienes leen esta reseña – y la música pesada que se enuncia como sinfónica, son dos pasiones inevitables para el público local. Por eso Malmsteen llenó Vorterix. “Hace tres meses que saqué la entrada, no me importa lo que toque, la pagaría trescientos dólares”, me comentó un fan a la salida. Es una muestra de lo que ocurrió.

Afortunadamente tuvimos el privilegio de que la jornada fuera abierta por el grupo Guitar Show, banda de virtuosos de las seis cuerdas, y conocidos de la escena: Marcelo Roascio – quien recientemente grabó una canción con Ricardo Iorio -, Carina Alfie y Adrián Subotovsky. Un sonido nítido que permitió distinguir a los tres artistas que interpretaron canciones de sus discos solistas. Con bandonéon incluido, el conjunto interpretó “Adios Nonino”, clásico de Astor Piazzolla e “himno” según Roascio. Despedida con ovación y un tímido “welcome YNGWIE MALMSTEEN” de Carina Alfie, que se dejó llevar por la alegría.

Nueve en punto en el Teatro Vorterix y la banda salió a escena con una violenta versión de “Rising Sun” cantada por el tecladista, Nick Marino. La seguidilla con el mix de “Top Down, Foot Down / No Rest for the Wicked” dio poco tiempo para respirar. Uno de los grandes temores cuando se está frente a un héroe de la guitarra es que su instrumento sobresalga en la mezcla: todo lo contrario, lo prístino y certero del sonido fue, sin lugar a dudas, el punto más alto de la noche. Porque sabemos que Malmsteen es un frontman que tiene todas las de ganar, similar a un Messi que hace y deshace cuando quiere. Incluso con acrobacias, lanzando la guitarra a su asistente canción de por medio, incluso de espaldas (!): ser asistente de Yngwie debería ser considerado de alto riesgo.

No me parece menor volver sobre la contundencia de la banda y el posicionamiento de cada uno en la mezcla. El bajista, Emilio Martínez, simplemente se lució y no en pocas ocasiones tenía que seguir las acrobacias musicales de Yngwie. Lo importante es que tuvo su lugar, formando un tándem demoledor con el baterista Brian Wilson – nombre que, como poco, ya es pesado en la historia de la música -. Por supuesto, la guitarra de Malmsteen gozó de un sonido perfecto, además de contar con los suficientes pedales para nutrirse de los efectos requeridos según la ocasión. Probablemente, algunos seguidores no se mostraron muy entusiasmados con que el guitarrista cantara solo dos canciones, “Like an Angel” y “Smoke on The Water”, aunque, en realidad, esto responde a otro formato de banda, más concentrado en la improvisación – en el mejor sentido de la palabra -, que por momentos puede volar en el virtuosismo o ir directo hacia la contundencia de la solidez de un Heavy clásico.

“Sí, son jodidamente geniales”, decía Malmsteen ante un público extasiado, y en realidad esta fue una de las pocas veces que interactuó vocalmente con los presentes, porque el resto de las interacciones constaron en moverse de aquí para allá, acercarse y hacer muecas, revolear la guitarra como si se tratara de un trapo y mirar como si fuese lo más simple del mundo. Sin embargo, como peculiaridad de esta nueva faceta del guitarrista está en no tocar las canciones en su integridad, al menos la mayoría, sino tomarlas como base para improvisación. Al fin y al cabo, es cuestión de gustos. No lo es fallar en el sonido de la guitarra de Malmsteen: su versión acústica de “Black Star” no tenía sonido, se echó para atrás, y entre risas miró a su asistente con un: “no funciona”. En un segundo se solucionó. Trato y eficiencia presidencial.

Interacción cuando fue necesario, adrenalina sin parar en un solo momento, canciones como base para improvisación y un sonido prístino: esta es la nueva encarnación de YNGWIE MALMSTEEN. El saldo es positivo y, si bien faltaron algunos temas clásicos, el repertorio fue lo suficientemente nutrido para dejar contento al público que permitió convertir a Vorterix en una olla a punto de ebulicción sin que quepa un alfiler. Otra velada triunfante en Buenos Aires para el virtuoso guitarrista. Dadas sus asiduas visitas, sólo podemos esperar su regreso.

Facundo Guadagno
Redactor en Rocktambulos
Antropólogo social y cultural, escritor, escéptico y crítico
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Todas las fotos fueron tomadas por Carlos Martínez para rocktambulos.com / Todos los derechos reservados

Pronto la galería fotográfica completa.

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