Salmo Para el Roxy: 30 años después, CANDLEMASS debutó en Buenos Aires y sumó argentinos a su sectaOXDReseñasShows (Así Fue) por Facundo Guadagno - 24/04/201624/06/2024 Continúan los estrenos en la cartelera porteña, ahora es el turno de CANDLEMASS. ¡Cuán ansiado ha sido el desembarco de los pioneros del Doom Metal en nuestras pampas! La categoría de «pioneros» es conflictiva, por supuesto, pero no es errado afirmar que CANDLEMASS es la piedra angular para el desarrollo del género, y la carencia de un show en Argentina es un pseudo-parricidio. Debatir quién dio el puntapié para el comienzo del Doom Metal es inútil para los fines de esta crónica. Una sociedad en crisis o en un período de transición es proclive al revival, por eso CANDLEMASS en 2016 atrae a cultores de Pappo o Color Humano, como Dragonauta o Type O Negative. Se pueden nuclear, con mucha facilidad, distintas vertientes y posturas pero que, en un vistazo rápido, comulgan ante la intención de ver a los pioneros oriundos de Suecia por primera vez en el país. Así es como entre la desesperación por la reinvención y la nostalgia permanente, se conformaba el terreno para la visita de CANDLEMASS.Superando a las inclemencias del tiempo – o de los contratiempos, si así se lo quiere – llegué al Roxy para la previa a la presentación de DRAGONAUTA, rápidamente chocándome con una humareda de conocidas procedencia. Tal espesor combinado con un horizonte de remeras negras, y un calor hermético en el Roxy contrario a la helada noche de martes, hacían que el local de Fitz Roy fuese el refugio de los antisociales. Para nuestro bien, ya que la estadía no estaba nada mal. Y en ese clima, ya romántico y esotérico por sustancia propia, aparece DRAGONAUTA. ¡Qué show! Con un muy buen sonido la banda desplegó su impronta Doom aggiornada, como se parte de bases densas y melodías simples pero más que efectivas, claro está, la progresión musical iba in crescendo. Así ser estático es mala palabra. Mención especial para el baterista, Hellgros: los fills justos para un género en el que la abundancia de estos puede matar a la canción. Y, ya en colaboración de Hellgros y el sonidista, todas mis loas hacia el logro que fue la ecualización justa del bombo. Un delicioso equilibrio. Muchas gracias. Ahora sí, momento de CANDLEMASS.Salida a escena con pose esotérica absoluta, rozando lo irrisorio, pero efectivo para entrar en el contrato entre el archi-devoto público y la banda. Suenan las cuerdas vocales de Mats Levén y las ansias contenidas por años estallan. Hipnotismo traducido en cabeceos, cantos, bálsamo para moverse de un lado al otro y éxtasis general para el clásico «Bewitched», canto unísono que canalizó la pasión contenida durante años. De todas maneras, la performance fluctuaba; por momentos parecía un auténtico ritual esotérico, por otros el show de Heavy Metal de culto que tantas ansias generaba, pero un punto clave para comprender que el sueño no fue completo, fue la ausencia de Leif Edling. Precisamente, esta falta se tornó muy pesada, realmente, y para ahondar en esto tomo la definición de Mats Levén sobre esta ausencia: «unos enormes zapatos para llenar». Se entiende y, consecuentemente, se sigue. Precisamente, Levén fue un punto alto constante en toda la velada; la vitalidad de su caudal vocal y su destreza para adueñarse de un catálogo histórico. Tal vez en su capacidad de mover al público con su fuerte colocación de la voz haya provocado una reacción explosiva ante «Prophet» y «A Cry From The Crypt», un juego de canciones recientes y «antiguas», con la misma respuesta del público. La banda cumplía su rol de manera impecable: cada uno realizaba su performance, su papel, pero la única manera de que esta ficción tenga solidez era con una ejecución instrumental acorde a las circunstancias. Y así sucedió, en especial con el dúo de guitarras Johansson-Bjorkman, dos veteranos que disfrutaban cada segundo, casi conscientes del histórico momento en cuestión. «A Sorcerer’s Pledge» culmina el show en un punto altísimo, y los bises estaban lejos de hacerse esperar, terminando con la emocionante seguidilla de «Crystal Ball» y «Solitude». Erizaba la piel escuchar al unísono please let me die in solitude o ashes to ashes, dust to dust. Fin de la performance musical, palmas rojas de aplaudir, saludo de rutina y casi-naturales ganas de más. Son muchos años de espera, por eso se entiende la insaciabilidad del público.Sueño o pesadilla, en el buen sentido, CANDLEMASS tuvo un debut exitoso en Argentina, con un Roxy repleto y con todos ganando. Económicamente, quiero suponer, y de manera simbólica. ¿Será este un nuevo romance y hemos sido testigos únicos de una próxima localía? Tal vez sí, pero el romance depende únicamente de la capacidad que tenga CANDLEMASS de seguir convocando gente, ya que por un presunto amor una banda no va a pisar suelo argentino. Por ahora, y con un EP a estrenarse en dos meses, la localía suena posible en un futuro.Facundo GuadagnoRedactor en RocktambulosAntropólogo. Politólogo. Escritor. Candlemass Candlemass Candlemass Candlemass Candlemass Candlemass Candlemass Candlemass Candlemass Dragonauta Dragonauta Dragonauta