Tras haber cancelado en 2025 y una ausencia de 12 años, la banda liderada por M Shadows demostró su poder, madurez y talento en Argentina.

El pasado 3 de febrero no fue una noche más en la agenda de conciertos de Buenos Aires. Era una de esas fechas que se sentían pesadas desde antes de empezar, cargadas de expectativa acumulada durante más de una década. Doce años habían pasado desde la última visita de AVENGED SEVENFOLD al país, y la sensación de deuda pendiente entre la banda y su público era tan evidente como inevitable.
El grupo planeaba tocar en septiembre de 2025 pero, a tan solo unos días del show —con todo el crew y los músicos en suelo sudamericano—, se vieron obligados a cancelar la gira completa por problemas de salud de su líder, M. Shadows. La noticia no cayó nada bien, sobre todo para quienes viajaban y tenían ya todo pagado. El regreso finalmente se concretó en febrero de este 2026 y se dio ante un Movistar Arena completamente lleno. Un martes por la noche que, lejos de cualquier jornada laboral, se transformó en una verdadera celebración metalera donde la banda estadounidense no solo confirmó su vigencia, sino también su crecimiento artístico, técnico y convocante.
La jornada comenzó con un condimento imposible de ignorar: MR. BUNGLE como banda invitada. No se trataba de un telonero más, sino de una elección profundamente significativa considerando la admiración histórica que los miembros de A7X han manifestado por el proyecto de Mike Patton.
El show tuvo además un momento único: durante el set de Bungle, M. Shadows apareció en escena para interpretar junto a Patton “Retrovertigo”, canción que Avenged versionó en 2017. La colaboración no se repitió en ninguna otra fecha del tour latinoamericano, lo que convirtió a Buenos Aires —última parada de la gira— en un show verdaderamente irrepetible y un lindo regalo para quienes llegaron temprano a ver “al soporte”, en lugar de quedarse afuera haciendo previa. El show de MR. BUNGLE fue, además, el último hasta nuevo aviso, por lo que se merece su propia reseña (y la tiene), así que pueden ir a leerla entrando acá.
Cuando a las 21:30 hrs. las luces se apagaron definitivamente, la expectativa terminó de romperse con la intro y el arranque demoledor de “Game Over”, seguida inmediatamente por “Mattel”. Desde ese primer bloque quedó claro que el foco del show no estaría puesto únicamente en la nostalgia: Life Is But A Dream… venía a ocupar un rol central dentro de la narrativa del concierto.
La decisión de atacar con el presente creativo al frente fue acertada. Desde el minuto uno generaron la locura entre los fans, demostrando la confianza que la banda tiene en su material más reciente. Sobre el escenario, la formación dijo presente entre los gritos de los fans: M. Shadows apareció cantando sentado en una silla casi al ras del suelo, con una capucha que cubría su rostro; Synyster Gates y Zacky Vengeance brillaban con sus guitarras mientras las chicas les arrojaban ropa interior; Johnny Christ nos golpeaba el pecho con sus líneas de bajo y Brooks Wackerman demostraba, desde el minuto uno, su virtuosismo en batería. Para los que no pudieron ir al show de 2014 fue un sueño ver juntos en tarima a este quinteto que combina de manera tan efectiva la técnica, el carisma y la experiencia, y cuyo sonido es inmediatamente reconocible dentro del metal contemporáneo.
El set avanzó con naturalidad hacia “Afterlife”, primer momento de la noche en el que el público se convirtió en un coro estruendoso, y luego vendría el clásico “Hail to the King”, perfecto para que los fans hicieran vibrar el recinto con su canto al unísono. En ese momento Shadows se tomó un espacio para hablar con el público: no solo dedicó la canción a los fans argentinos, sino que recordó su visita anterior asegurando que el público en este país está “a otro nivel”, reafirmando la intensidad local como una de las más fuertes del circuito. El público cantó, saltó y acompañó cada gesto de la banda durante toda la noche, confirmando que la espera de doce años no había enfriado la conexión, sino todo lo contrario.
Y es que el crecimiento de la banda no ha sido solo artístico, sino también convocante. La última vez que AVENGED SEVENFOLD había tocado en Argentina fue en el Luna Park, fecha que el propio Shadows recordó como una de sus noches más ruidosas, pero esta vez el contexto fue otro: un Movistar Arena lleno, equivalente a dos Luna Park, confirmando su expansión en la región.
La dinámica del concierto se construyó desde el equilibrio. “Gunslinger” aportó un respiro melódico antes de que “Buried Alive” desplegara uno de los recorridos más completos de la noche, pasando de la introspección al estallido con precisión quirúrgica. Para muchos fans, este fue uno de los puntos más altos del set, considerando que es de las piezas más valoradas de Nightmare. El épico “The Stage” sirvió para que la banda nos recordara ese costado tan progresivo que tiene el grupo y, una vez más, se escuchó al público cantar con todas sus fuerzas los pegadizos coros.
¿Qué decir de “So Far Away”? El tema fue dedicado al fallecido The Rev en medio de un discurso donde M. Shadows nos recordó que vivamos el hoy y abracemos a quienes amamos porque no sabemos qué va a pasar mañana. “¿Cómo vivir sin los que amo?” dice el coro que miles cantaron, transformando el recinto en un lugar especial, cargado de memoria y emotividad.
Antes de “So Far Away”, el vocalista también hizo una mención inesperada: contó que habían llegado al país varios días antes y que aprovecharon para asistir al reciente show de MY CHEMICAL ROMANCE. Según relató, Mikey Way, bajista de la banda —amigo personal suyo—, lo llamó al enterarse de que coincidían en Buenos Aires y los invitó. Shadows dijo haberse sentido orgulloso del espectáculo que dieron y, sobre todo, impresionado por la respuesta del público argentino. La reacción en el Arena fue inmediata: muchos de los presentes también habían estado allí.
Y hablando del frontman de A7X, M. Shadows nos demostró con su voz que sigue teniendo el talento y el poder para llevar a la banda hasta donde quiera. A pesar de que por momentos se le notó cansado y dejó al público hacer algunos coros difíciles, es notable el nivel que mantiene teniendo en cuenta los problemas de salud que ha sufrido a lo largo de su carrera. Recordemos que en 2017 tuvo que operarse por un hematoma en las cuerdas vocales, y algo muy similar fue lo que le obligó a cancelar su gira de 2025, así que, teniendo en cuenta que tras la recaída no tuvo tantos meses de recuperación y que lo recibimos en el último show de la gira, su actuación fue espectacular.
Desde lo instrumental, Synyster Gates supo posicionarse como el principal foco de atracción técnica, con solos precisos que derrocharon virtuosismo y en varias ocasiones lo dejaron bajo las luces como el protagonista del escenario, mientras que Zacky Vengeance sostuvo la base rítmica con solidez y derrochó actitud en tarima con sus miradas y poses. La dupla Johnny Christ / Brooks Wackerman funcionó como una maquinaria perfectamente aceitada, siendo este último protagonista de uno de los momentos más ovacionados de la noche: el solo de batería durante el final de “Unholy Confessions”.
Antes de llegar a ese momento protagónico del baterista, tuvimos que pasar por instantes en los que el lugar parecía que sería demolido por la banda y los fans, ya que apenas sonaron los clásicos “Bat Country” y “Nightmare”, se terminó de encender el Arena con los coros, además de los saltos, pogos y empujones que no pararon en el sector campo. Incluso “Nobody”, que no es tan popular por ser del último disco, desató la euforia de algunos de los presentes antes de que llegara el último tramo del set. Esta forma de intercalar temas clásicos con material nuevo dice mucho, porque lejos de apoyarse exclusivamente en la nostalgia, AVENGED SEVENFOLD apostó por un show que mira hacia adelante, integrando su presente creativo dentro de su historia consagrada, sin descuidar los himnos que los convirtieron en referentes del género.
En la recta final de la noche apareció una de las grandes joyas del show: “Save Me”. Podemos decir que tuvimos la suerte de escuchar en vivo esta épica canción de 10 minutos que hasta hace muy poco (2024) no tocaban nunca y que durante 2025 solo fue interpretada una vez. Compleja, progresiva y considerada por muchos como uno de sus mejores temas, no había tenido mucho espacio en los shows de la banda, pero afortunadamente la incluyeron como fija en el setlist de esta gira sudamericana y pudimos disfrutar de esa joya del metal progresivo, cortesía de los virtuosos muchachos de Avenged Sevenfold.
Le siguió el maravilloso “Cosmic”, una elección algo extraña para el final ya que, por su condición de tema nuevo, de tempo lento y su alta experimentación electrónica, pareció calmar demasiado las aguas. Pudimos ver al público más apagado, tal vez por el cansancio o simplemente hipnotizado por los lásers y las visuales geométricas y ondulatorias que la banda utiliza para darle al tema un carácter espacial e inmersivo, aportando un clima más envolvente antes de encarar el desenlace de la jornada.
“A Little Piece of Heaven” fue la encargada de bajar el telón, recuperando el costado más teatral de la banda y recordándonos ese sonido circense. Globos rojos comenzaron a aparecer entre el público, lanzados y rebotados por el campo —cortesía de los fans—, dándole al cierre un carácter festivo, oscuro e interactivo al mismo tiempo. Una postal perfecta para una noche que había mezclado agresividad, técnica, emotividad y espectáculo en partes iguales.
Al igual que ocurrió hace unos días con MY CHEMICAL ROMANCE, show al que M. Shadows nos contó que había asistido, no hubo bises ni falsas despedidas, y aunque no me habrían molestado un par de temas más, la verdad es que no era necesario hacer uso de ese artilugio tan cliché. Aunque ya estemos acostumbrados a ese ir y venir de las bandas en el final de los shows y muchos se queden allí esperando por más, hacer las cosas de manera distinta es lo que nos hace especiales. De hecho, hay quienes se burlan de quienes piden “una más” al final porque están seguros de que volverán y piensan que creer que se fueron sin encore es muy inocente. Me pregunto cómo se sentirán “los confiados” cuando los shows terminan como anoche, cuando una banda rompe con la rutina y acaba con el patrón.
En fin, el concierto se sintió como un relato completo, ejecutado con convicción, potencia y oficio, con un repertorio que confirmó el balance ideal entre clásicos y material reciente: fueron cuatro las canciones extraídas de Life Is But A Dream…, cuatro también de Nightmare, tres del álbum homónimo y una de cada uno de los demás discos de la banda, con la única excepción de su trabajo debut, que no tuvo representación en el set. AVENGED SEVENFOLD nos brindó una curaduría pensada para complacer a distintas generaciones de fans y recorrer, sin desatender ninguna etapa clave, la evolución sonora del grupo.
Doce años después, la banda no volvió para probar nada: volvió para reafirmar quién es. Y Buenos Aires respondió como lo hace cuando la historia pesa: con entrega total. Esperemos que la próxima vez no tarden tanto en volver.
©Todas las fotos fueron tomadas por Carlos Martínez para Rocktambulos / Todos los derechos reservados
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