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Los esperamos y hubo sangre: SLIPKNOT en Buenos Aires #Reseña

En un contexto algo confuso, por primera vez llegó a la Argentina el Knotfest Roadshow, una versión reducida del Knotfest. Confuso porque la expectativa del público argentino era la de finalmente recibir el formato completo del festival. Es más, inicialmente fueron muchos los que no entendieron la etiqueta de Roadshow, queriendo convencerse a sí mismos de que todo el line-up iba a venir. Otros no comprendieron del todo su significado pero les quedó claro que no era el paquete completo. Sin embargo, pese a las frustraciones/puteadas, cuando las entradas para los side shows de SLIPKNOT y JUDAS PRIEST se pusieron a la venta, *humo* se esfumaron a las pocas horas.

El jueves 8 de diciembre se llevó a cabo en el Movistar Arena la primera de las 3 fechas (recuerden que se sumó un show de TRIVIUM y todavía hay entradas disponibles) y la expectativa era alta. De hecho, en el ingreso al recinto una chica joven se me acercó preocupada a preguntarme si tenía una entrada para venderle porque “la habían cagado”, y es más, agudizando el oído, habían varios intentando comprar alguna entrada en reventa a último momento. (Sold out…¿pero a qué precio?)

ARDE LA SANGRE arrancó la jornada puntuales a las 20 hs. La última vez que los vi fue como soporte de KISS a principios de año, algo que debe haber sido un gran honor para ellos, pero que despertó nulo interés en un público ajeno a una propuesta que poco tenía que ver con la banda de Gene Simmons y Paul Stanley, y con el Hard Rock en general.

Pero esta noche, como soportes de SLIPKNOT, los liderados por los ex-CARAJO, Marcelo ‘Corvata’ Corvalán y Hernan ‘Tery’ Langer, fueron recibidos con enorme entusiasmo desde el primer tema, y se mantuvo así a lo largo de su set de 45 minutos donde tocaron temas de su debut ‘La Cura’ (2021) y los 4 tracks de su reciente EP ‘Rompiendo Silencios’ (2022).

Cuando abrieron con “Un Día De Furia” el sector del campo estaba lleno por la mitad, y se podía ver por los pogos y saltos que toda esa mitad, no solo los de adelante, querían ver a ARDE LA SANGRE. Cuando se elige un soporte que mantiene cierta coherencia con el acto principal, la experiencia se potencia y el público lo demuestra. “Muchas gracias gente, nos vemos el año que viene” dice Corvata antes cerrar con “Fuego del Cielo”. A su despedida el Movistar Arena estaba casi lleno.

Un Final Que Si Se Acerca, Todavía Está Lejos

No sabemos quién fue el encargado de musicalizar el intervalo entre ARDE LA SANGRE y los de Iowa, pero le dio en la tecla. “Aerials” de SOAD, “5 Minutes Alone” de PANTERA (después de SLIPKNOT, curiosamente la mayor cantidad de remeras eran de los de Texas) y “Seek and Destroy” de METALLICA, despertaron todas un masivo coro de la audiencia. Había hasta pogos. Definitivamente el público argentino, en este caso conformado por los maggots, los fanáticos más acérrimos de SLIPKNOT, desbordan de pasión y energía.

Cuando las luces se apagaron y el telón con el logo de la banda se iluminó de rojo pensé “listo, chau DJ Movistar Arena, hola Slipknot”. Pero extrañamente empezaron a sonar los acordes de “For Those About To Rock” de AC/DC…

Slipknot

Contrario al efecto de “Ecstasy of Gold”, pieza de Ennio Morricone con la que METALLICA abre sus shows desde siempre, es un poco desconcertante la elección de varias bandas por grandes canciones populares de Rock para que preparen su salida. GREEN DAY lo hizo con “Bohemian Rhapsody” y recientemente EXODUS con “We Will Rock You” (cómo están las regalías para QUEEN, eh). Sí, funciona, el público se re engancha a la idea, pero personalmente me siento descolocado.

IRON MAIDEN hace sonar “Doctor, Doctor” de UFO en cada show, pero Steve Harris no se cansó nunca de profesar su admiración y remarcar la influencia de los ingleses en su música. ¿SLIPKNOT y AC/DC? “Es que seguramente es su forma de rendirles tributo” me dijeron, pero jamás leí una entrevista donde alguno de los 9 mencioné a los australianos como influencia…o al menos no es popularmente conocido ese vínculo.

En fin, solo reflexiones de un rompebolas…

“Get Behind Me Satan And Push” de la cantante de country, BILLIE JO SPEARS, con su retorcida inocencia marcó -ahora sí de manera acorde- la inminente salida de SLIPKNOT al escenario. Solamente bastaron los acordes iniciales de “Disasterpiece” para que todo el estadio se volviera frenéticamente loco. Es lógico. La anterior visita del grupo fue en 2015, durante la gira presentación de ‘.5: The Gray Chapter’ (2014). Pasaron 7 años y un álbum en el medio –’We Are Not Your Kind’ (2019)’– que no fue presentado acá. Era necesaria una retribución, que empezó con el pie derecho.              

El público estuvo siempre tan encendido que incluso un tema no clásico, y francamente olvidable, como “All Out Life” recibió la misma efusiva respuesta que su antecesora, “Wait And Bleed”. Sobre las tablas el despliegue de la banda es lo que los hizo famosos: caos brutal pero organizado. Luces, lásers, humo y bolas de fuego ilustran una performance espectacularmente ajustada.

Pero hay puntualmente 2 aspectos que no cierran, o dejaron de cerrar con el pasar de los años, en los shows en vivo de los oriundos de Iowa. Primero, la labor tanto de Craig Jones como tecladista y sampler, como la de Sid Wilson como DJ (quién también se encarga de teclados). En un show con tantos elementos dominantes como las 2 guitarras distorsionadas y afinadas graves de Mick Thomson y Jim Root, el vozarrón de Corey Taylor, la brutal batería de Jay Weinberg, y hasta el bajo de Alessandro Venturella, sus contribuciones pasan a un plano casi imperceptible si no fuera por los breves momentos de protagonismo. Wilson corre de un lado para otro cuando no está en su puesto, contrario a Jones quien siempre se mantuvo en su lugar, pero más que aportar caos, se lo ve como si no tuviera nada que hacer.

El otro aspecto es el de los percusionistas. Ocurre casi lo mismo que con Jones y Wilson. Sabemos que Shawn ‘Clown’ Crahan no es solo el encargado de darle con un bate a barriles de metal y otros instrumentos percusivos, y de aportar coros. También se encarga de la producción que gira en torno a todo lo que hace el grupo. Pero el rol de Michael Pfaff me tuvo preguntándome en qué sumaba su presencia. Entiendo que hay un sentido teatral detrás de tener a 2 tipos golpeando cosas cual cavernícolas, pero más que para algunas impresionantes postales -como Clown saliendo a escena con el bate prendido fuego-, quedan absolutamente relegados frente al dominio del núcleo de la banda. La verdad, qué oportunidad fallida la de eliminar uno de los percusionistas con el despido de Chris Fehn.

“Bueno, Rocktambulos…cuídame ese tonito, estás empezando a sonar un poquito hater, che, para un poco, tirame una buena”. Es verdad, tenes razón. Hay que decir que Corey Taylor fue (y es siempre) la figura del show. El cantante tiene un manejo envidiable del público, con el que le basta más que unos sencillos gestos con la mano para despertar la euforia. “Te quiero, te amo, me encantó, Argentina” nos dice Corey en un español con errores pero que logra transmitir el mensaje.

El #8 se pasó toda la noche cambiando del inglés al español, dándole un toque pintoresco cuando no lograba dar con las palabras indicadas, pero ofreciendo un lindo gesto de acercamiento igual. Aunque también hay que decir que habló bastante más de lo deseado. 

Recién luego del paso de mazazos como “Before I Forget” y “Sulfur” es que hizo aparición un track del último lanzamiento del grupo. Fue después de cantarle el “Feliz Cumpleaños” a Taylor, quién cumplía 49 años ese día, que llegó el momento de cantar “The Dying Song (Time To Sing)”, única representante de ‘The End, So Far’ (2022).

Lo voy a decir siempre cuando pasé: ojalá hubieran metido más canciones del último lanzamiento. La verdad que del setlist en sí no podemos quejarnos porque la noche fue un auténtico ‘grandes éxitos’, con casi todas las canciones que tenían que sonar. Pero el show fue corto, apenas llegando a la hora y media, y eso sin quitar lo verborrágico que estuvo Corey Taylor (de a ratos pensé “bueno, chop chop, Corey, dale, se terminó la charla, a laburar, no somos tus compañeros de Español Básico I”).

Si por descansar la voz se trata, “Yen”, “Medicine For The Dead” y “Acidic” hubieran sido buenas elecciones para alargar el show sin que signifique tanto desgaste físico, además sumar más material de ‘The End..’. Aunque es verdad que el show tampoco fue promocionado como la presentación de dicho álbum. En todo caso, SLIPKNOT tiene un catálogo de efectivas baladas, como “Circle” o “Snuff”, que también hubieran cumplido el objetivo, y que además habrían asegurado que el público se involucrase igual aunque bajaran la agresividad.

O bien podrían haber incluido “Pulse Of The Maggots” y el Movistar Arena se viniera abajo. No debo haber sido el único que vio la aparición de gusanos en las pantallas y pensó que era cuestión de segundos para que empezara a sonar la icónica sirena…pero no, fueron solamente unos simpáticos gusanitos.

El arranque de “Unsainted” fue la que me recordó que ‘We Are Not Your Kind’ (2019) no tuvo su presentación en Argentina, y fue recibida con mucho entusiasmo. También hay que remarcar que el público siempre saltó, gritó, cantó y pogueó. De hecho, desde la platea podía verse como habían, en todo momento, 7 u 8 pogos en simultáneo desperdigados por todo el campo. Una imagen hermosa.

“¿Qué hora es? Well, I’ll tell you what time it is…” dice Corey en ese momento ya clásico y esperado previo al break de “Spit It Out”, con el público sentado listo para saltar como dementes. El hit de ‘Slipknot’ (1999) marcó así, en un estado de total efervescencia, el final del set principal.

Para los bises “515”, la tétrica intro de ‘Iowa” (2001) anticipó la explosión de “People = Shit”. Previo a cerrar con nuestro otro himno nacional, “Surfacing”, Corey anunció que volverán, echando por tierra en persona los rumores de separación que despertó el nombre de su último lanzamiento. Con “‘Til We Die” sonando por los parlantes la banda se despidió.

Curiosamente mientras me retiraba por las instalaciones del Movistar Arena me encontré con la chica que me había preguntado si tenía una entrada para venderle. Estaba llorando, pero de felicidad porque había logrado ver a la banda que tanto quería ver. Hay que decirlo: ir sin entrada hacia un recinto, esperando conseguir ahí por reventa, habla de un fanatismo no menor. Y SLIPKNOT continúa despertando eso en sus fans argentinos, calando fuerte en cada nueva generación de seguidores.

La banda podrá tener mayor o menor éxito en la salida de cada nuevo álbum, pero vienen acá y agotan las entradas el mismo día que las ponen en venta, con un público que los elige sin dudarlo, y que en el show les da todo lo que tiene. Si hoy hubiera sido el final de SLIPKNOT, sus maggots se habrían retorcido de felicidad antes un final caótico y épico.

¿Ven a lo que me refiero? ¡Está durmiendo la siesta! Es el ‘Janick Gers’ de SLIPKNOT.
Roger Alan Provan
Colaborador en Rocktambulos
La música, sin importar el género, popularidad, año o país de origen, tiene una chance en mis oídos. En ella encuentro mi camino.
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Todas las fotos fueron tomadas por Carlos Martínez para rocktambulos.com / Todos los derechos reservados.

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