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Adiós SLAYER: La banda se despidió de Argentina con un último gran show #Crónica

Más de 35 años han pasado desde que SLAYER grabó su primer disco. Si tomamos en cuenta que el metal extremo requiere una gran condición física y los años no pasan en vano, lo lógico es que las bandas le bajen intensidad a sus composiciones y shows con el pasar del tiempo, sin embargo esta lógica no aplica con SLAYER. A pesar de que sus miembros tienen 55 años cada uno (excepto Tom Araya, que ya suma 58), la banda continúa siendo tan agresiva y ruidosa como en el primer día, tanto discográficamente (basta con escuchar Repentless (2015), su último disco) como en vivo, donde suelen dejar con la boca abierta a todo el que los ve/escucha.

Una banda en cuya discografía South Of Heaven (1988), que acaba de cumplir 30 años, luce como un disco “lento” es, definitivamente, una banda rápida, y es que cuando alguien dice que SLAYER tiene un tema suave, eso es lo máximo que podemos esperar. Sus fans, apasionados como pocos, siempre han demostrado ser tan duros como exigentes y en aquella época consideraron ese disco como una traición a sus raíces pero con el tiempo fue ganándose el amor del público hasta convertirse en una joya de la banda y del metal. Por cierto, su fallecido fundador, Jeff Hanneman, confesó en 2006 que esa ralentización de tempos se hizo con la intención de diferenciarlo de Reign In Blood (1986), su predecesor, cuyo éxito fue tan abrumador que la misma banda lo consideró imposible de superar, así que optaron por hacer un disco distinto e incomparable, pero esa es otra historia.

Kerry King

No todos los experimentos “lentos” de Kerry King y compañía tuvieron el mismo éxito, pero ese don para componer grandes clásicos siempre estuvo, sin importar si el tema era lento, tipo “Mandatory Suicide” o rápido como “Raining Blood“. Lo cierto es que ambos temas se pudieron escuchar anoche, 29 de septiembre, en el Luna Park de Buenos Aires, durante el último concierto de SLAYER en Argentina, el cual significó la despedida de la banda antes de su anunciado retiro definitivo de los escenarios.

Los encargados de abrir esa velada fueron los históricos HORCAS, banda que con 30 años de carrera se ha ganado un lugar de honor en la comunidad metalera local y tuvo un más que merecido reconocimiento al formar parte de esa histórica noche en el Luna Park. “Es un honor formar parte del último show de SLAYER”, fueron las primeras palabras de Walter Meza, vocalista, antes de presentarse y saludar a quienes vinieron desde lugares fronterizos, como Bolivia, Uruguay, Paraguay o Brasil para ver a SLAYER en su gran despedida.

Walter Meza, HORCAS

Con un set breve pero poderoso, la banda  fundada por el inolvidable Osvaldo Civile supo calentar el ambiente y generar varios pogos con una selección de temas mayoritariamente nuevos. Pero Meza no solo invitó a la gente a animarse con los pogos, sino también a calentarse desde adentro, apelando para ello a la situación social y política. “La dignidad no se transa, la dignidad se pelea” dijo antes de gritar: “Macri, la concha de tu madre” e interpretar “Rabia”, de su más reciente disco, Gritando Verdades.

Podrá haber trap, podrá no haber más heavy metal en la radio, pero hay heavy metal en el corazón,” dijo el cantante al despedirse, mientras sostenía una bandera de Argentina con el logo de HORCAS, e invitó a los músicos que hacen metal a que no se rindan nunca. Treinta minutos de buen thrash bastaron para que la banda se retirara ovacionada del escenario, mientras todavía gran parte del público ingresaba al recinto.

Tom Araya

A las 21:00 hs en punto, tal como se prometió, se apagaron las luces del Luna y comenzó a sonar “Delusions Of Savior”, el intro que da paso a la despiadada “Repentless”. Una cortina azul separaba a la banda del público y en ella se proyectaba el logo en distintos tamaños. Se podía sentir la expectativa, la emoción, las ansias y apenas cayó la tela, empezó el caos. La locura se desató de inmediato y mareas de gente iban y venían en un sector campo abarrotado de fanáticos que trataban de ver a sus ídolos de cerca una última vez. “Evil Has No Boundaries”, “World Painted Blood” y “Postmortem” le seguirían en el orden, dando paso, sin descanso alguno, a “Hate Worldwide”. Fue allí cuando vendría la primera pausa de la banda y por ende, la primera interacción.

Quienes conocen a SLAYER saben que no son una banda conversadora sobre la tarima, creer que su última gira sería la excepción, sería un error. El público aprovechó el silencio para comenzar a corear su cántico de entrega: “soooy, soy de SLAYER…”, a lo que Araya respondió “Gracias”, en perfecto español mientras sonreía. “Gracias por venir esta noche, ¿están listos?” preguntó el icónico bajista y vocalista, agregando, en español y con cara de resignación, que “después de aquí ya no hay más”.

Gary Holt

A la cuenta de tres, quiero que griten ‘War’”, señaló Tom antes de interpretar el clásico “War Ensamble”. El público, obediente, hizo retumbar el estadio al unísono y se desató el que quizá fue el pogo más grande de la noche. “Gemini”, uno de los temas originales que la banda incluyó en aquel disco de covers titulado Undisputed Attitude y “Disciple”, con el cual Tom puso al público a gritar “God hate us all“, también dijeron presente dentro de ese repertorio que buscaba, en cierto modo, recapitular toda la carrera de la banda.

Como una máquina muy bien aceitada y calibrada, SLAYER se dedicó a disparar temas prácticamente sin parar. Salvo las dos ocasiones en las que se detuvieron, Kerry King, Tom Araya, Gary Holt y Paul Bostaph ejecutaron clásicos y no tan clásicos durante 90 minutos exactos sin dejar respiro a quienes saltaban, cantaban, corrían en circle pits y agitaban sus cabezas con cada canción. Una de esas paradas vino luego del clásico “Chemical Warfare”, donde Tom aprovechó de preguntar cómo estábamos. “¿La están pasando bien? ¿Están cansados? ¿Yo no estoy cansado?” Dijo antes de presentar el furioso “Payback”, un himno a la venganza. “¿Ustedes saben qué significa Payback?” preguntó, y ante la respuesta de uno de los fans, gritó “Payback it’s a bitch motherfucker“, desatando toda su ira sobre el escenario.

Si bien los temas más rápidos y agresivos fueron los que despertaron la furia de los asistentes, quienes se entregaban sin dudarlo al ritmo y a la música, “Seasons in the Abyss” y “South of Heaven”, dos de los más lentos de la noche, fueron momentos cumbre en cuanto a interacción banda-público, ya que se pudo escuchar a la gente corear las melodías y a la banda sonreír ante el gesto. “Hell Awaits” nos mostró a un recinto saltando en su totalidad al ritmo de la música mientras que “Raining Blood” nos dejó la postal definitiva de una noche sin mañana, donde los fanáticos, conscientes de que sería la última vez que escucharían a la banda tocar su más emblemático clásico en vivo, se lanzaron dentro de un mosh pit que desde afuera, daba miedo.

Siempre habrán temas que quedan por fuera del set, pero salvo por el hecho de que no pudimos disfrutar la pirotecnia que ha caracterizado a sus shows durante toda esta gira de despedida, no hay nada qué reclamar, al menos musicalmente. Mientras Gary Holt, quien ha sabido llenar los zapatos de Hanneman, nos volaba la cabeza con cada riff y se compartía la tarea de los veloces y alucinantes solos de guitarra con el emblemático fundador Kerry King, Paul Bostaph (que entró por Lombardo las dos veces que este dejó la banda) destrozaba los tambores con una fuerza y precisión admirable.

Tom Araya

El sonido de la mezcla, además, fue bueno y nos permitió percibir todo el poder del bombo a la par de las contundentes guitarras y la inconfundible voz de Araya, la cual se encuentra en una gran condición. En vivo, Tom cuenta con efectos que le permiten amplificar sus maquiavélicas tonadas y si bien ya no hace algunos de sus clásicos gritos agudos, guardó todas sus energías para el final. “Black Magic”, que sonó en dupla con “Raining Blood” como si de un solo tema se tratara, le dio paso a las dos últimas canciones de la noche: “Dead Skin Mask” y el infaltable “Angel of Death”. En ambos clásicos lo dejó todo, pero nada como ese grito que da inicio al segundo. La piel erizada se mezclaba con las ganas de correr y gritar ante lo que ya sabíamos era el tema final de una noche que no queríamos que terminara nunca.

¿Son infalibles? Nadie lo es, pero SLAYER es una de esas bandas que puede errar una nota, tempo o incluso la letra de un tema y a nadie le importa porque nada de eso logra opacar el nivel de maestría y presencia que derrochan sobre un escenario. Hoy, en la víspera de su retiro, podemos confirmar que están sonando como en sus mejores tiempos.

Paul Bostaph

Vale la pena señalar que SLAYER nunca se distrajo con baladas ni escribió temas pensando en que fueran hits radiales, y aun así, son una de las bandas de metal que más discos vende (hasta el Grammy se ganaron en dos oportunidades). Más allá del guiño que le hicieron al NuMetal en el criticado Diabolus In Musica (1998) y el “cambio de velocidades” que en varias ocasiones tuvieron sus discos, la banda siempre se ha mantenido fiel a su espíritu inicial: música agresiva, pesada y veloz, con letras explícitas que van desde el anticristianismo y la guerra hasta el simple “odio todo, muéranse todos”.

Tal como lo señala Facundo Guadagno en su análisis acerca de esta despedida, el retiro de SLAYER no llega por falta de creatividad o incapacidad para tocar/cantar como antes, sino porque sus dos mentes creativas ya no se encuentran mirando hacia el mismo lado, lo cual genera una inevitable crisis y la conclusión de que es mejor terminar por las buenas, como las relaciones de la gente civilizada. Mientras Araya ha confesado estar harto de la rutina y varias veces mostró su deseo de retirarse a disfrutar de su familia en la recta final de su vida, King, por su lado, planea seguir haciendo música y no ve el retiro como opción. Probablemente Gary vuelva a EXODUS y Paul también continúe en otros proyectos.

Kerry King

A las 22.30 hs ya todo había terminado. No hubo anuncio de último tema, no hubo encore. Sin promesas, sentimentalismos ni engaños, la banda terminó su show y los músicos se quitaron sus instrumentos. Kerry, Gary, Paul y Tom procedieron a saludar y despedirse sin mediar palabra, solo gestos de agradecimiento y regalos para los fans. Uno a uno fueron dejando el escenario, pero Tom, en cambio, se quedó. Quería memorizar ese momento, esa última vez, es el final de su carrera y se tomó el tiempo de saludar a los suyos. Durante casi 10 minutos caminó por cada rincón de la tarima, saludó, miró al público y escuchó sus ensordecedores cánticos, aplausos y gritos, sosteniendo en sus manos una camiseta de la selección argentina mientras se pasaba las manos por la cara para limpiarse algo ¿Eran lágrimas? Probablemente.

Antes de partir, Araya se acercó al micrófono y, con su voz pausada y en perfecto español, nos terminó de romper el corazón: “Gracias, los voy a extrañar. Adiós”. Verlo darse la vuelta y caminar hacia atrás del escenario, sabiendo que este adiós es para siempre, fue duro, pero todo tiene un final. Por suerte nos quedarán las canciones, esas sí son inmortales y seguirán reinando por siempre en cada rincón donde haya un metalero. Quedan muy pocos shows para que la banda cuelgue los botines y solo una cosa es segura: Nosotros también los vamos a extrañar.

Frank Hernández
Director en Rocktambulos
Escucho más de lo que veo y escribo más de lo que leo.
Periodista musical. Radio Host. Colaborador en Billboard. Fundador de Rocktambulos
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Todas las fotos fueron tomadas por Melissa Torres para rocktambulos.com / Prohibida su reproducción o difusión / Todos los derechos reservados

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