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Hijos del tempestuoso Rock: RATA BLANCA volvió al Luna Park, Buenos Aires #Reseña

Hacía mucho que no estaba entusiasmado por ver a una de las bandas insignia del Rock/Metal Nacional y Latinoamericano. Este año podría haber visto a RATA BLANCA como banda invitada en la fecha de MÖTLEY CRÜE junto a DEF LEPPARD en Parque Sarmiento, pero acercarse al predio porteño en medio de la hora pico de salida laboral de un jueves resultó una tarea harta difícil. Aquella vez, con cierta amargura pude ver el coletazo final del set de la banda liderada por Walter Giardino… así que la noche del sábado 2 de diciembre, en el otro extremo del año, fue la oportunidad de saldar la deuda. El Luna Park fue el recinto elegido por la banda para adelantar nuevas canciones y despedir el 2023 a lo grande.

Mis expectativas vinieron de 2 frentes. Por un lado, la última vez que los vi fue en el concierto sinfónico del 2019 -pueden rememorar la reseña de esa noche entrando aquí-, cuando despidieron el año también en el Luna Park. Si bien dicho evento tuvo un considerable segmento eléctrico, ya era momento de disfrutar de uno totalmente sin orquesta. Por el otro, el último lanzamiento de estudio del grupo fue ‘Tormenta Eléctrica’ (2015)…hace 8 años. Y siendo honestos, fue un álbum disfrutable pero muy pasajero. Así que tenía expectativas por las nuevas canciones que serán parte del próximo álbum.

Además, un nuevo lanzamiento consolidaría la actual formación de la banda en el estudio, con los integrantes más nuevos (que ya llevan años en sus filas, en realidad), Pablo Motyczak (bajo) y Danilo Moschen (teclados), junto a los históricos Fernando Scarcella (batería) y Adrián Barilari (voz). Si bien Moschen participó de ‘Tormenta’, en ese entonces las 4 cuerdas todavía eran ocupadas por el difunto Guillermo Sánchez.

La banda salió a escena con “Diario De Una Sombra” del ‘El Reino Olvidado’ (2008). Hace ya varios años que el grupo viene abriendo con canciones bien directas, sin una intro grandilocuente o épica, y les sienta muy bien. Lo que no sentó bien apenas iniciado el show fue el sonido. Con el paso de las canciones –“Solo Para Amarte” y “La Misma Mujer”– mantuve la esperanza de que la mezcla iba a acomodarse a un nivel óptimo, y si bien mejoró bastante, nunca fue suficiente. Lo que es una lástima para una banda de calibre internacional.

Los integrantes de RATA BLANCA tienen oficio, suenan ajustados y cómodos en sus roles. Barilari mantiene ese entusiasmo que contagia y le suma mucho al show. De a momentos verlo pegar saltitos de adolescente me confirma que sigue disfrutando de estar ahí arriba, y es reconfortante la humildad con la que se ubica frente al micrófono. “Nada mejor que despedir el año con ustedes, gracias” y “voy a estar agradeciendo toda la noche” fueron frases que lo evidencian. Y a eso se le suma el espectacular estado vocal que mantiene a su edad, como lo demuestra en “Días Duros”. Todo esto lo continúa posicionando, a mis ojos, como la ‘figura del show’ cada vez que veo a RATA BLANCA en vivo.

Scarcella y Giardino no se quedan atrás. A ambos se los vio notoriamente alegres de seguir haciendo lo que hacen. Si bien las poses y la estética de Walter no son lo mío (como dirían los ingleses: “not my cup of tea”/traducido a lo bruto como “no es mi taza de té”), el hombre se toca la vida con total precisión –“El Círculo de Fuego”– , y destacó la fidelidad con la que toca cada pieza, en especial los solos.

Tanto Motyczak como Moschen mantuvieron un perfil más bajo y serio, algo que de a momentos me hizo pensar en cuáles serían los motivos ¿Falta de ganas o miedo de opacar al resto?. Lejos de que esto sea un ataque personal contra los músicos -ambos muy sólidos en su performance-, si me quito el sombrero de periodista musical y me ubico desde mi lugar de fanático, esperaba un poco más de acción por parte de ellos. Nada serio realmente, es cuestión de gustos. Después de todo, cada músico la vive como quiere.

“Hijos de La Tempestad” en el primer tercio del show y “Rock Es Rock” (aunque pronunciada por Adrián en inglés; “Rock Is Rock”) en el segundo, fueron las canciones nuevas que prometió la banda. La primera me remitió al sonido clásico de principios de los 90 –“Abrazando Al Rock And Roll” fue la referencia subconsciente que se me atravesó- y la segunda continúa la vena rockera de los últimos lanzamientos. No puedo decir que descollaron porque el sonido jugó en contra de una escucha sin distracciones, pero la respuesta del público fue positiva. Y no es por pecar de desagradecido… pero fueron solamente 2 canciones, y se sintió poco para un show que fue promocionado como el adelanto de nueva música. Un 3er estreno hubiera cerrado el trato, ubicada equilibradamente en el segmento final de un show de casi 3 horas.

En cuanto a la propuesta audiovisual, doy fe que esta noche ví el mejor juego de láseres hasta el momento. Simplemente fenomenal. En ese aspecto el show fue de 10 puntos: luces, pantallas, humo, papelitos, el paquete completo, pero los láseres fueron el elemento sobresaliente.

El uso de protectores auditivos, además de cuidar mis oídos, terminó siendo la única alternativa para disfrutar del show. Equilibró la mezcla, aportándole nitidez (solamente baja el volumen, no distorsiona las frecuencias… siempre que sean de uso profesional y no tapones para la pileta). Pero así y todo la voz de Adrián perdió presencia ante una guitarra que pareció estar muy alta. Afortunadamente, el grueso del público pareció no percatarse de la situación, por lo que lo dejaré al escrutinio popular. La única certeza que tengo es que he visto a RATA BLANCA gozar de un sonido mil veces mejor.

El setlist fue un muy completo repaso de toda su discografía -obviando las esperables ausencias de tracks pertenecientes a ‘Entre el Cielo y el Infierno (1994) y VII (1997)-. “Caballo Salvaje”, “Nada Es Fácil Sin Tu Amor” y las mencionadas, “La Misma Mujer” y “Señora Furia”, fueron las sorpresas de la noche. En las 5 veces que vi a RATA BLANCA nunca las había escuchado en vivo. De hecho, casi todos los lanzamientos incluyeron al menos una canción por fuera de los clásicos de siempre como “Aún Estás En Mis Sueños”, “Mujer Amante” y “Guerrero del Arcoiris”, algo que estoy seguro que el fan aprecia mucho. Tranquilamente podrían tocar solo hits y las entradas se venderían igual, pero le dan ese extra al seguidor acérrimo.

La despedida, como ya nos tienen acostumbrados, fue con “La Leyenda del Hada y el Mago”. Creo que ‘el mal que siempre existió no soportaría’ quebrar esta tradición y que sea otra canción la que le den el cierre al show. Una foto de Guillermo Sánchez se ubicó en las pantallas, demostrando que su ausencia en la banda es solamente física, pero nunca en alma.

El cierre de año de RATA BLANCA en el Luna Park dejó un sabor muy satisfactorio desde la lista de canciones, la performance y el espectáculo profesional que saben brindar. Los dos estrenos que pudimos escuchar me dejan aún más ansioso y a la espera de las nuevas canciones que pronto “estarán disponibles en la nube”, y de una futura revancha en cuanto al sonido. Aunque hoy estén ubicados en la etapa adolescente de mi vida, cada vez que transito el camino de lo que creo que es un ‘reino olvidado’, termino dándome cuenta de que es más bien una ‘vuelta a casa’, y la bienvenida siempre es con los brazos abiertos.

Roger Alan Provan
Colaborador en Rocktambulos
La música, sin importar el género, popularidad, año o país de origen, tiene una chance en mis oídos. En ella encuentro mi camino.
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Todas las fotos fueron tomadas por Carlos Martínez para Rocktambulos / Todos los derechos reservados

Un pensamiento en “Hijos del tempestuoso Rock: RATA BLANCA volvió al Luna Park, Buenos Aires #Reseña

  1. UNA GRAN NOCHE CON TODOS LOS CLASICO O CASI TODOS. TRES HORAS AL PALO, CASI TODO EL DISCO DEL 87 COMPLETO SOLO FALTO ROMPE EL HECHIZO, GENTE DEL SUR, LOS INSTRUMENTALES.
    PERO AL FAN AÑEJO SE FUE FELIZ DE ESCUCHAR CHICO CALLEJERO, EL SUEÑO DE LA GITANA, SOLO PARA AMARTE Y LA POCAS VECES TOCADA, “LA MISMA MUJER” TERRIBLE CANCION FALTARON DOS TEMAS PARA MI GUSTO, LOS OJOS DE DRAGON Y LA CANCION DEL GUERRERO, PERO MAS QUE FELIZ Y CONTENTO.

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