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¿Un triunfo innecesario? Análizamos S&M2, el concierto sinfónico (en cine) de METALLICA

Pocas cosas son tan emocionantes como escuchar “The Ectasy of Gold”. Si además, el tema es interpretado por una orquesta en vivo, no solo eriza la piel sino que impacta. Así comenzó S&M2, la presentación sinfónica que llevó a cabo –por partida doble- la banda de James, Lars, Kirk y Robert hace un mes para celebrar los 20 años de aquel primer S&M.

Con motivo del aniversario de aquel mítico concierto realizado en San Francisco, los cuatro jinetes se aventuraron a revivir un show que marcó la historia del metal sinfónico. Esta vez sin su director original y con la intención de convertir los temas en algo aún más glorioso y cinematográfico, digno de una banda sonora. ¿Había necesidad de hacerlo? Probablemente no. El riesgo era alto, las expectativas también.

Pero METALLICA no tiene techo y le gustan los retos, así que durante dos noches, la banda se presentó a casa llena y todo quedó filmado en formato cine para que un mes después, quienes no pudimos viajar hasta San Francisco, pudiéramos vivir la experiencia en pantalla gigante y con sonido surround. El 9 de octubre fue la fecha elegida para proyectar, de manera simultánea y por única vez (aunque luego se anunció segunda fecha), el show en las salas de cine de (casi) todo el mundo y así unir, de algún modo, a la ‘Tallica Family durante más de dos horas.

El imponente Chase Center donde se llevó a cabo el show, hace que una gigantesca orquesta como la de San Francisco luzca pequeña y contrario a lo que ocurrió en 1999, donde el concierto contó con una asistencia de 3.500 personas, esta vez fueron más de 18 mil los que rodearon a los músicos en un escenario 360°.

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La ocasión buscaba rememorar aquel histórico evento, pero además de volver a tocar los grandes clásicos con los majestuosos arreglos que hiciera Michael Kamen (ahora retocados por Michael Tilson Thomas) la banda aprovechó la oportunidad para incluir canciones recientes y experimentar un poco. La belleza sinfónica de piezas majestuosas que ya fueron parte del S&M como “Wherever I May Roam”, “For Whom the Bell Tolls” o la cumpleañera “No Leaf Clover” -que nació precisamente en aquel primer encuentro entre METALLICA y la Sinfónica de San Francisco- compartieron el protagonismo con “The Outlaw Torn” y la inmejorable versión clásica del instrumental “The Call of Ktullu”, por solo nombrar algunos.

Todos los temas brillaron por sí mismos y nos hicieron viajar en el tiempo, provocándonos el deseo de estar allí, en San Francisco, coreando cada una de las canciones, como pasó en “The Memory Remains” y esa abrumadora interacción del público al final del tema.

Sin embargo, tenemos que aceptar que nada de eso nos sorprendió, y es lógico, nos hemos aprendido el concierto S&M de memoria y más allá de la calidad de la ejecución, uno siempre espera ser sorprendido, de lo contrario, no hay satisfacción. La banda lo sabe y por eso cambió casi todos los temas que integran el corazón del set list. Es allí donde encontramos las mayores diferencias con respecto a esa primera vez y donde vale la pena enfocarnos a la hora de buscar novedades.

La hermosa versión sinfónica de “The Day That Never Comes” fue la primera sorpresa del set list, un tema poderoso y emotivo que, al igual que “Confusion”, aborda la temática de la guerra o el trastorno de estrés postraumático que genera. No es ningún secreto que a Hetfield y compañía siempre le han interesado los temas que involucran la incapacidad de las personas para desarrollarse plenamente y dicha preocupación la drenan ahora a través de su propia fundación: All Within My Hands, cuyo nombre está inspirado en un tema que también tuvo espacio dentro de este renovado set sinfónico.

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Mientras la banda ejecutaba una versión acústica que nos recordó a sus habituales presentaciones en el Bridge School Benefit, la orquesta le brindó una significativa cortina de sonido al tema, dándole la textura y el matiz épico que se merece, al tiempo que el cantante Avi Vinocur los ayudaba en los coros.

De la fundación nos hablan antes de la proyección del concierto, y es que la película S&M2 que pudimos ver el 9 de octubre viene acompañada de dos mini documentales, que suman aproximadamente 15 minutos entre los dos. En el primero de ellos la banda muestra su trabajo con All Within My Hands. “Todos tenemos un lugar en la sociedad y nuestra intención es ayudarlos a encontrar ese lugar”, dice James Hetfield en el documental, mientras nos muestra esa otra cara de la banda, en la que buscan retribuir de algún modo todo lo que el mundo les ha dado. “Estamos orgullosos de utilizar nuestra influencia para invitar a la gente a ayudar a otros” agrega el frontman. El segundo corto nos muestra el tras-cámaras del S&M2.

En el ‘99 dejamos todo en manos de Michael Kamen, no nos metimos demasiado, le confiamos todo a él y solo tocamos” confiesa Lars Ulrich durante el documental, al hablar de las diferencias entre ambos conciertos y agrega: “En este nos involucraron en toda la producción, desde la música hasta las pantallas circulares y la disposición del escenario”. Por su lado, los directores Michael Tilson Thomas y Edwin Outwater describen cómo se enviaban partituras de arreglos entre ellos y la banda, mientras METALLICA todavía estaba de gira, manteniendo así un feedback constante en lo que se estaba realizando.

Recuerdo que Kamen fue a un ensayo a vernos tocar y se puso a darle golpes a un piano” narra Hetfield, entre risas, y agrega: “Tocaba notas que no tenían nada que ver con lo que hacíamos y nosotros nos mirábamos tipo ‘¡está loco! ¿Qué hace?’ y si, estaba loco. Logró que las canciones sonaran así”. Es la descripción que hace el vocalista acerca del fallecido director, a quien define como alguien del mundo clásico con un pie dentro del metal. Él se encargó de darle forma a la orquesta que los acompañó hace 20 años. Hoy el turno fue para Thomas, con la contribución de la propia banda.

El show estuvo conformado por dos sets, separados por un break que Lars aprovechó para saludar y agradecer a todos los fans que adornaron el Chase Center con banderas de todas partes del mundo. “Nunca fui muy bueno en geografía, pero gracias por viajar hasta aquí” bromeó Ulrich mientras trataba de adivinar de qué país era cada bandera y dio paso al maestro Thomas, quien aprovechó el descanso de la banda para dirigir a la orquesta durante un tema “muy especial que Lars y él piensan que nos va a gustar”. Este tipo de introducciones le dan miedo a más de uno, considerando las cosas que Lars ha creído que nos gustarían en el pasado (saludos al redoblante de St Anger).

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Se trataba de la “Scythian Suite” de Sergei Prokofiev. “Esta pieza musical data de hace muchos años y pertenece a una tribu que tenía algo en común con ustedes: les gustaban los sonidos tribales, los objetos metálicos y los tatuajes” comentó el director, a la vez que describía su primitivo sonido como “un poderoso baile del éxtasis de la venganza”.

Michael Tilson Thomas, a quien Lars presentó como un gran amigo y quien durante 25 años ha sido el director musical de la orquesta sinfónica de San Francisco, comenta en el documental, al inicio, cómo fue la experiencia de creación para este show y confiesa haberse inspirado en sonidos tribales ancestrales para hacer los arreglos de los nuevos temas. “En la música clásica muchas veces se busca llevar al oyente a un oasis donde se relaje y encuentre ese paraíso de tranquilidad. En esta ocasión, vamos a hacer todo lo contrario” dice el experimentado músico mientras se ríe ante las cámaras.

METALLICA se uniría nuevamente a la orquesta para interpretar una versión metalera de la pieza clásica “Iron Foundry” de Alexander Mosolov, cuyo resultado fue un sonido muy avant-garde que me hizo recordar al tan criticado e incomprendido LULU, con el que la banda incursionó en la música contemporánea y el art-rock. Sabemos que les gusta coquetear con ese tipo de arte, aunque a sus fans no tanto, por eso no sería raro que a la mayoría no le haya gustado del todo este experimento del intermedio, pero cualquier desencuentro con la orquesta se acabaría cuando se dio la mayor sorpresa de la velada.

No sé si ustedes recuerdan a un tipo llamado Cliff, pero nosotros sí” dijo James antes de presentar a Scott Pingel, bajista principal de la orquesta. Pingel se encargó de homenajear al fallecido bajista interpretando “Anesthesia (Pulling Teeth)” en su contrabajo eléctrico, el cual rasgó sin piedad con sus dedos y con un arco, desatando la ovación de los presentes en la sala de cine (y obviamente en el Chase Center). Posteriormente se sumaría Lars y cerrarían el tema que probablemente fue el clímax de la noche.

Moth Into Flame” y “Halo On Fire”, ambos del más reciente álbum, Hardwired… to Self Destruct (2016), también recibieron el tratamiento sinfónico y se unieron a la fiesta. En ellos también pudimos apreciar con claridad los arreglos de Michael Tilson Thomas y Edwin Outwater (este último fue quien dirigió la orquesta durante la mayor parte del show) ya que se trata de canciones nunca antes tocadas en este formato, pero la mejor de las adaptaciones vino con “The Unforgiven III”, tema para el cual el propio Thomas tomó la batuta y la banda se retiró, dejando en el escenario solamente a James. La orquesta se encargó de versionar el tema en su totalidad, mostrando así la poderosa voz de Hetfield en una muy sentida interpretación sinfónica.

Fue un momento muy especial, no solo porque es raro ver a James sin su guitarra colgada y así poder apreciar toda su teatralidad, sino porque después de las noticias recientes acerca de su estado de salud -algo que para el momento del show desconocíamos- ya no podemos escuchar este tema de la misma forma. Cada gesto, cada grito, cada mirada de James durante esa canción en la que nos grita que lo perdonemos porque no puede perdonarse a sí mismo, cobra un significado distinto al saber que hoy en día continúa luchando contra los demonios que lo inspiraron a escribirla. Ese día no se trató de una interpretación más, ahora sabemos que cada línea de la canción estaba más viva que nunca y su regreso a rehabilitación nos recuerda que no importa lo bien que alguien pueda lucir, la procesión siempre va por dentro.

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Faltaba poco para el final y el inquieto Lars baja de su batería para encarar a uno de los percusionistas de la orquesta. “Tengo a 5 de los mejores bateristas del mundo tocando percusión ahí, justo detrás de mí” confesaba en el mini documental del inicio al ser preguntado sobre la presión, y realmente el tamaño de la sección de percusión de la orquesta, vista desde arriba, era más grande de lo común para una sinfónica. Lars insistía en retar a duelo al músico, realizando continuos golpes aleatorios sobre el redoblante para que este respondiera. Segundos después entenderíamos que esos golpes representaban el cruel sonido de las balas que sirven como introducción a “One”, tema que marca uno de los puntos altos de cada show de METALLICA y esta vez no fue la excepción.

Master of Puppets” es de esas canciones que parecen haber sido escritas para ser interpretadas por una orquesta sinfónica y si ya sonaba épica en 1999, esta vez Thomas y Outwater la hicieron inolvidable, lo suficiente como para que algunas salas de cine explotaran en aplausos al finalizar. “Nothing Else Matters” y “Enter Sandman” son los que nunca fallan, sin embargo esta vez tuvieron nuevos arreglos que les permitieron brillar aún más de lo que suelen hacerlo. Mientras Hammet, en solitario, interpretaba una extraña introducción para la inconfundible balada y daba pie a que la orquesta jugara alrededor de las famosas notas que dan inicio al tema, el director Thomas regresaba para el final y tomaba la batuta en “Enter Sandman”, asegurándose de que la pieza de cierre sonara más pesada que nunca y hasta acompañó a la banda con un teclado, además de dirigir el glorioso final.

Photo by Tim Mosenfelder/Getty Images

Existe la creencia de que las segundas partes nunca fueron buenas, una idea que se fundamenta en el hecho de que la primera no tiene con quien ser comparada y siempre nos sorprende. Lo previsible de una segunda parte más la expectativa que genera, hace que inevitablemente seamos más duros con ella y difícilmente podremos ver la continuación como algo aislado.

No valdría la pena medir un show con el otro porque en realidad los S&M son complementarlos, pero aún al hacerlo es importante mirar los contextos. Uno se realizó hace 20 años, ante una pequeña audiencia y sin mucho que perder. Esta vez el reto era recrear lo logrado, mantener el nivel y darle lugar a temas nuevos, con un escenario distinto en un espacio 5 veces más grande y sin contar con su director original. Un reto innecesario en el que la banda salió triunfante mientras nos entregó una experiencia que probablemente no se volverá a repetir. Muchos tuvimos el privilegio de vivirla de manera contemporánea, no una, sino dos veces y eso no es cualquier cosa. Por eso, al retomar la pregunta del título se puede concluir que si, fue un reto innecesario con un triunfo necesario, no porque tengan algo que demostrarnos a estas alturas sino porque lograron demostrarse a sí mismos que todavía pueden hacer cosas imposibles.

Gracias METALLICA por no tener tope y seguir exigiéndote 20 años después. Nos vemos en 2020.

Frank Hernández
Director en Rocktambulos
Escucho más de lo que veo y escribo más de lo que leo.
Periodista musical. Radio Host. Colaborador en Billboard. Fundador de Rocktambulos
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