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Un final que nos envió “dentro del vacío”: BLACK SABBATH dijo adiós en Buenos Aires #Crónica

El Fin”, ese momento que nadie quiere que llegue cuando lo que termina es algo que se disfruta, que nos conforta o que apreciamos. Fin, esa pequeña palabra que resume tantas cosas y cuyo significado nos dice que ha concluido un ciclo, algo que puede amargarnos o alegrarnos y, en muchos casos, nos hace valorar más el remanente de eso que por mucho habíamos creído interminable. “El Fin” de una banda puede ser razón suficiente para estar tristes, para guardar luto o cuestionarnos el significado de la vida. Sin embargo, esta vez, “El Fin” sabe diferente, porque este desenlace ya ocurrió y durante años, para muchos, era tan solo un sueño ver a los integrantes de BLACK SABBATH reunidos sobre una tarima nuevamente.

Por dinero, por nostalgia o por las razones que sean, la banda se reunió en 2011 para ofrecerle a toda una generación que no pudo verlos en vivo la oportunidad de registrar esa imagen única en sus retinas. Osbourne, Iommi y Butler se juntaron, grabaron un disco, giraron y se retiraron una vez más, con la diferencia de que ahora sí parece ser la definitiva, y es que la edad y la salud de los mismos comienza a ser un factor contra el que ni todas las ganas del mundo pueden luchar. Argentina tuvo la oportunidad de verlos una última vez, tuvo la oportunidad de despedirlos, por partida doble, en dos lugares diferentes, Córdoba y Buenos Aires, y en éste último estuvimos presentes para contarles cómo fue.

Ese 26 de noviembre, Buenos Aires fue un lugar gris, lejos quedó el clima primaveral y en su lugar hubo nubes cubriendo la ciudad. La torrencial lluvia convirtió ese, que ya era un día agridulce para los fans, en un día complicado para todos. Tráfico, calles convertidas en ríos, transporte público colapsado y la triste sensación de saber que vas camino a despedir a alguien querido se juntaban esa tarde y ser puntuales se volvió algo difícil de lograr. Es por eso que para cuando llegamos al sitio, ya la banda local, VITICUS, había culminado su presentación.

Todavía faltaba mucho para que se llenara Vélez cuando apareció la banda invitada por los protagonistas: RIVAL SONS. Los estadounidenses elegidos por el propio Ozzy para acompañarlos durante toda esta gira final ofrecieron un impecable show durante aproximadamente 35 minutos, tiempo suficiente para ganarse la simpatía de la multitud, cuya mayoría no los conocía. No es nada fácil calentar un escenario donde minutos después tocará una de las bandas más grandes de todos los tiempos, y BLACK SABBATH lo sabe, ellos también ejercieron ese rol alguna vez, abriendo para -por ejemplo- LED ZEPPELIN, por eso no se juntan con cualquiera. Las bandas soportes están conscientes de que el público espera por otro, y es por eso que lograr reconocimiento en estas circunstancias es digno de elogiar.

Recordemos que el show que realizó BLACK SABBATH en Buenos Aires en 2013 como parte de su gira de reunión tenía como invitados nada más y nada menos que a MEGADETH, quienes además de legendarios, juegan de local en Argentina. Llenar esos zapatos no sería tarea fácil, pero RIVAL SONS dejó un muy buen sabor y provocó muchos aplausos con su sonido muy “a lo Led Zeppelin”, no en vano llamaron la atención de Ozzy. Tras su enérgico espectáculo, los californianos se despidieron para dar paso a lo más esperado.

A las 21:00, con puntualidad inglesa, se apagaron las luces del estadio y las pantallas, que desde hacía rato mostraban el logo púrpura de BLACK SABBATH, fueron las únicas que iluminaban el horizonte. Mucha gente faltaba por entrar aún y, como era de esperar, la fila de ingreso pasó a ser un río de personas que corrían para entrar lo antes posible.

Un escenario negro, imponente pero sobrio, con un backline grande pero sencillo, sin más distracciones que los músicos que sobre él se paraban fueron el altar en el que esa noche adoraríamos a los maestros de la oscuridad metalera. Sonaba la lluvia de fondo, pero no, no era la lluvia que había caído torrencialmente durante todo ese día y amenazaba con regresar, era el intro del primer tema, el que anunciaba los campanazos que dan comienzo al clásico de clásicos “Black Sabbath“. Así, como si de una ceremonia religiosa se tratara, con su famoso sonido lúgubre (diabolus in musica), proveniente de los tritonos que el gran Tony Iommi ejecutaba, se encendían las luces y aparecían en tarima los pioneros del metal. Estábamos oficialmente ante BLACK SABBATH, y había que verlos bien, porque esta sería la última vez. Bueno, ya sé que falta uno (Bill) para completar la formación (de hecho, faltan muchos más que pasaron por sus filas en distintas épocas) pero ver juntos a Ozzy, Geezer y Tony es -sobre todo para el fan- una experiencia religiosa.

Aplausos, ovaciones y coros acompañaron a la banda desde el comienzo, momento en el que la audiencia -sobre todo la que se encontraba en campo- ofrecía la mayor muestra de energía. “Fairies Wears Boots” y “After Forever” le siguieron al primer tema, y entre canción y canción el público continuó coreando el “oé oé oé”, mientras el propio Ozzy los animaba con gestos y su peculiar “cú-cú”, pero el primer momento cumbre llegó con “Snowblind”, otro de los temas populares. Ozzy les pidió a todos mover los brazos de un lado a otro, creando una atmósfera que parecía romántica, mientras la multitud coreaba la melodía -más que la letra- siendo esto último una constante que se repetiría durante todo el show.

Pasaban los temas y, aunque la intensidad de la afluencia bajó luego del arranque, me sorprendió notar que a las 21:30 todavía seguían entrando personas. Los demás continuaban cantando el famoso “oe oe oe”, mientras Ozzy, en varios momentos del show, les gritaba su célebre frase: “¡Más fuerte! No puedo escucharlos (Louder! I can’t hear you)”. Al terminar “Snowblind”, Osbourne presentó a cada uno de los músicos, siendo el “hombre de hierro”, el gran Tony Iommi, el más ovacionado por la gente. Ozzy lo presentó como “The One and Only” y de inmediato arrancó el “oé oé oé ,Tony, Tony”.

Si bien la asistencia fue masiva, los momentos clave dejaron en evidencia que no fueron pocos los que asistieron para despedir a estas leyendas sin conocerlas demasiado, personas que asistieron para ser parte de esta historia, más que por ser fanáticos de su música. No fueron pocos los que atendieron el llamado por tratarse de una última oportunidad o los que, aún sin gustarle la banda, querían marcar ese check en la lista. Momentos clave como el archiconocido “War Pigs” me dieron esa sensación, y es que cuando Ozzy dejó al público cantar las segundas líneas de la estrofa, fueron muy pocos los que respondieron. Lo intentó de nuevo, y al darse cuenta de la pobre respuesta, finalmente desistió. Ozzy terminó cantando toda la estrofa él solo. Cualquiera que se haga llamar fanático de BLACK SABBATH y, por ende, haya escuchado sus discos en vivo, sabe que es tradición que la segunda línea de este tema sea coreada por los fans. Eso sí, las melodías del coro y el final si fueron coreadas por todos en masa, demostrando que, en efecto, todos conocían el tema, más no necesariamente lo que dice.

Técnicamente no hubo nada que lamentar, sin embargo, algo parecía andar mal con el monitor de Ozzy, ya que fueron varios los temas en los que arrancó desafinado. Ocurrió, por ejemplo, con “Behind The Walls Of Sleep”, en el que comenzó más abajo de lo normal, pero conforme avanzaba la canción, agarró el tono adecuado y nos mostró que definitivamente sigue teniendo mucho que dar este ícono inmortal. Fue justamente al final de este tema donde Butler se luciría con el solo de bajo que serviría de intro para “N.I.B.”, otro mega clásico bastante coreado (al menos musicalmente).

Geezer Butler. Créditos Fotográficos: Facebook Black Sabbath

Una hora había pasado desde el comienzo del show y era momento para que los masters descansaran un poco, recordemos que ya no tienen 20, ni 30, ni 40 y el cansancio que implica una gira mundial pega más fuerte ¿Qué mejor manera de relajarse que dejando a Tommy Clufetos entreteniendo al público? Es una técnica milenaria y había que usarla, sin embargo, esta vez pareció excesiva. A las 22:00 comenzó a sonar “Rat Salad”, pero antes que se cumpliera el minuto de canción, la banda se retiró y le dejó todo el protagonismo a Clufetos, quien a partir de ahí hizo un solo de batería que duró, quizá, más de 9 minutos.

Curiosamente, durante los 9 minutos o más, Clufetos, un destacado músico con talento envidiable, tocó prácticamente lo mismo. Por momentos parecía que quería demostrar su capacidad física y no la musical, ya que todo el solo se basó en repetitivas rutinas de velocidad y casi nada de creatividad. Eso sí, supo jugar con la audiencia y evitó que se durmieran cada vez que los invitaba a gritar, pero si bien es comprensible que estas situaciones son necesarias para darle descanso a la banda, esperaba mucho más de un solo de Mr. Clufetos.

Ozzy apareció, finalmente, para pedir que aplaudieran a Tommy y dar inicio a los acordes de “Iron Man”, otro momento cumbre de la noche. El clásico infaltable nos avisaba que el final estaba cada vez más cerca y por eso había que vivir cada coro, cada nota, cada solo de guitarra, como en efecto ocurrió cuando sonó “Dirty Woman”, tema en el que Iommi aprovechó para lucirse nuevamente con un emocionante solo que provocó que la gente comenzara a ovacionarlo. Ozzy no dudo en presentarlo una vez más y pedir aplausos para él, para finalmente presentar uno de los temas que más levantó a los asistentes: “Children Of The Grave”. El campo en pleno saltaba mientras las gradas mostraban algunos grupos de fanáticos de pie que agitaban sus trapos al ritmo de la canción. Momento para el recuerdo.

Todo terminaba, la banda hizo su encore y sin demasiada espera regresaron para una canción más: “Paranoid”. Con esta gema invaluable del metal se despedían de miles de fans que se dieron cita esa noche y de un país que los apoyó en cada una de sus visitas. El abrazo de los músicos frente a su público, su desfile por el borde del escenario mientras saludaban y decían adiós fue causante de algunas lágrimas. Todo había terminado, era “El Fin”, y la mayoría lo comprendió así, por eso continuaron en sus lugares hasta que el último de los músicos desapareció detrás de la cortina y comenzó a sonar la pista de “Zeitgeist”. Solo así, ya con las luces del estadio encendiendo de a poco, comenzamos a salir del conglomerado lugar.

Como era de esperar, el setlist estuvo conformado por clásicos con los que la banda trató de recorrer toda su carrera, sin embargo, no pudieron evitar enfocarse principalmente en Paranoid, Black Sabbath y Master Of Reality y obviar completamente algunos discos como, por ejemplo, Sabbath Bloody Sabbath y Sabotage, grandes obras maestras que, por no ser los más populares entre el público, quedaron fuera de la selección. Particularmente, me quedé con las ganas de escuchar alguna vez en vivo el inigualable “Symptom Of The Universe” o el legendario “Sabbra Cadabra”. Quienes fueron a verlos en 2013, pudieron ver en vivo parte de su más reciente producción de larga duración “13”, en esta ocasión fue omitida. Esta vez fueron apenas 13 los temas con los que la banda se despidió de su público, por fuera quedó “Hand Of Doom”, track que formó parte del setlist en muchos shows de la presente gira.

A pesar de que nos dejaron con ganas de más, no se les puede acusar de nada a estos héroes, que han luchado contra todo, incluyendo enfermedades mortales y accidentes, para hacer posible esta última gira. De lo bueno poco, dicen por ahí, y con esta premisa de consuelo fue como salimos conformes del show esa noche, con la melancolía de saber que no volveremos a verlos, pero con la alegría de haberles podido decir adiós y escuchar su música una última vez, y para muchos una primera.

Sobrios como los tipos que siempre fueron, genios musicales como desde siempre los conocemos y grandes como las leyendas que nos convencieron. Así los vimos muchos de los que ahí estuvimos, y aunque nos haya parecido corta, fue una noche que se hará eterna en el recuerdo.

Frank
Director en Rocktambulos
Escucho más de lo que veo y escribo más de lo que leo.
Periodista musical. Radio Host. Colaborador en Billboard. Fundador de Rocktambulos
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La fotografía utilizada como portada de esta crónica fue tomada de Facebook y es propiedad de Gonzalo Guerra.

Black Sabbath Setlist Estadio Vélez Sarsfield, Buenos Aires, Argentina 2016, The End

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